El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ha culminado la restauración del célebre cuadro ‘Venus y Cupido’ de Peter Paul Rubens, tras un año y medio de trabajo. Esta obra, que podrá admirarse en la pinacoteca hasta el próximo 13 de septiembre, ha sido objeto de un meticuloso proceso para devolverle su esplendor.
El director artístico del Thyssen, Guillermo Solana, resalta que la representación de Venus realizada por Rubens ilustra una figura «troceada» y «fragmentada», una característica que lo aleja de ser un simple “alumno” de maestros como Tiziano. «Rubens nos ofrece este desmembramiento como de una estatua que se hubiera roto, como de una estatua antigua de la que conservaron unos maravillosos fragmentos», ha declarado Solana.
La restauración ha implicado una limpieza exhaustiva de los barnices que habían «amarilleado» la pintura, lo que dificultaba la apreciación de sus colores originales. Alejandra Martos, responsable del Área de Restauración, explica que, tras un estudio radiográfico de la obra, se evidenció que Rubens aplicaba una capa de color blanco plomo únicamente donde iba a pintar los cuerpos, en este caso, los de Venus y Cupido. «Tenía toda la intención de hacer que sus figuras resaltaran muchísimo más que el resto. Es casi como si quisiera que la luz saliera de ellas. Pero con el barniz amarillento no lo veíamos tan bien», detalla Martos.
El análisis con luz infrarroja reveló que Rubens pintó esta obra —que se encontraba en su domicilio al momento de su fallecimiento— con una visión clara de lo que deseaba retratar, evidenciando un trazo de dibujo “claro y limpio” por debajo de la pintura. «Con este cuadro en concreto, miedo no. Hay respeto. La limpieza es probablemente el paso que siempre puede dar un poquito más de… porque es irreversible», añade Martos, subrayando la importancia del apoyo del laboratorio y de los estudios científicos para llevar a cabo el proceso de restauración sin contratiempos.
La presentación de ‘Venus y Cupido’ en el Thyssen incluye un montaje especial que exhibe las diversas fases de la intervención a través de recursos digitales interactivos, brindando imágenes comparativas y detalles ampliados de la pintura, así como información sobre los hallazgos del estudio técnico realizado sobre los materiales y la técnica pictórica del artista.
Gracias al análisis de las imágenes, los restauradores también han identificado pequeños cambios en la composición, por ejemplo, la dirección de la mirada de Venus en el espejo, que inicialmente era hacia el espectador y finalmente fue pintada hacia su izquierda, además de la posición de los pies de Cupido, que presenta ligeras diferencias entre el dibujo y la versión final.
El óleo, explica Solana, es en realidad una copia de un trabajo de Tiziano, ‘Venus del espejo’, que se conserva en la Galería Nacional de Arte de Washington D.C. Sin embargo, Rubens logra impregnar su propia poética a esta réplica, generando una Venus de características «anticlásicas».
En la pintura de Rubens, el tema dominante es «la mujer ante el espejo», una temática común en la Edad Media y que a menudo presentaba un «sesgo moralizante». Solana detalla que era un emblema de la vanidad, especialmente femenina, considerado un pecado de soberbia. «Estaba unido al mito de Narciso antiguo, pero cargado con toda la estigmatización de la moral católica», explica, señalando que Rubens, a diferencia de otros pintores, presta menos atención a estos aspectos, utilizando el espejo como un simple «pretexto» para la «indulgencia sensual».
«Nos encontramos con un torso desnudo fragmentado, lo que hace es desmembrar el cuerpo de Venus en una serie de espléndidos fragmentos: el busto, la cabeza y el pecho, un antebrazo con la mano, este otro brazo y las piernas. En Tiziano no estaban descubiertas. Tenemos cinco fragmentos de los diferentes miembros de la anatomía», concluye Solana, resaltando la singularidad de la obra.
Con esta completa restauración, el Thyssen ofrece una nueva oportunidad para disfrutar de esta obra maestra del arte barroco en todo su esplendor.
