El papa León XIV se encuentra en la tumba de San Charbel Makhlouf, en el Monasterio de San Marón, en Annaya, Líbano, este 1 de diciembre. EFE/EPA/Domenico Stinellis / POOL
Harissa (Líbano) (EFE). El papa León XIV pidió que el migrante que huye de «los conflictos absurdos y despiadados» nunca se sienta rechazado, «sino acogido», en su discurso en el santuario de Harissa. Allí se encontró con obispos y religiosos del país, en su segundo día de visita a Líbano.
En esta colina, lugar de peregrinación para los libaneses donde se ubica la gran escultura de Nuestra Señora del Líbano, León XIV animó a los católicos del país, que se han convertido en una minoría al representar menos del 30 % de la población. «Incluso cuando alrededor retumba el ruido de las armas y las exigencias de la vida cotidiana se convierten en un desafío», alentó el pontífice.
Líbano, un país de acogida
El papa fue recibido con gran entusiasmo por cerca de 2.000 asistentes, quienes expresaron su jubilo con gritos de «¡Viva el papa!». Posteriormente, escuchó testimonios de católicos libaneses y la situación de los migrantes que han llegado en los últimos años al país, principalmente sirios y palestinos, huyendo de las guerras.

El padre Youhanna relató la vida en Debbabiyé, un pequeño pueblo en la frontera con Siria, donde «a pesar de la extrema necesidad y bajo la amenaza de los bombardeos, cristianos y musulmanes, libaneses y refugiados del otro lado de la frontera, conviven pacíficamente y se ayudan mutuamente».
El pontífice estadounidense habló en francés sobre la responsabilidad hacia los jóvenes y afirmó que «es importante favorecer su presencia, incluso en las estructuras eclesiales, apreciando su aportación de novedad y dándoles espacio. Es necesario, incluso entre los escombros de un mundo con dolorosos fracasos, ofrecerles perspectivas concretas y viables de renacimiento y crecimiento para el futuro».
Testimonios de compromiso
El papa también escuchó el testimonio de Loren, una mujer filipina que ayuda a los migrantes. En el país, que cuenta con solo 5,8 millones de habitantes, hay cerca de 1,5 millones de refugiados y migrantes.

Loren compartió la historia de James y Lela, una pareja sudanesa que tuvo que escapar de la guerra mientras ella estaba embarazada. Dio a luz durante el viaje y fueron acogidos en Líbano. «Lo que han vivido nos obliga a comprometernos para que nadie tenga que huir de su país debido a conflictos absurdos y despiadados, y para que quien llama a la puerta de nuestras comunidades nunca se sienta rechazado, sino acogido con las palabras que citó Loren: ‘¡Bienvenido a casa!'», aseveró el papa.
Crisis económica
Entre los religiosos que estaban en el santuario para escuchar al papa, muchos eran sacerdotes católicos maronitas. Uno de ellos, el padre Manuel, quien ha vivido varios años en Buenos Aires, explicó a EFE que la llegada del papa a Líbano es «una bendición» porque «conocerá la realidad de nuestro país que sufre mucho, pero tiene mucha esperanza y fervor. Esperamos que algún día salga el sol para nuestra patria y para todo Oriente Medio».

El padre maronita destacó que casi 16 millones de libaneses han abandonado el país en el pasado y comentó sobre la llegada de refugiados, señalando que, aunque fueron recibidos «con buen corazón», comienzan a aparecer problemas debido a la crisis económica.
El padre Luis Montes, un argentino de la congregación del Verbo Encarnado que trabaja en un centro para personas sin hogar a pocos kilómetros del santuario, destacó la relevancia de la visita de un papa a una nación tan golpeada por la guerra y la crisis económica, no solo para los católicos, sino también para los musulmanes, quienes sienten gran afecto por el pontífice. «En el país existe una importante convivencia con los musulmanes y es el país con la mayor unidad entre religiones en Medio Oriente», recordó. Además, mencionó las palabras de Juan Pablo II durante su visita en 1997, cuando afirmaba que «Líbano no es un país, es un mensaje» para el mundo.
