Paraguay se ha convertido en un caso destacado en la carrera mundial por dejar atrás los combustibles fósiles. Mientras muchos países buscan cerrar centrales de carbón o reducir el uso de gas en su sistema eléctrico, este país sudamericano cubre su consumo nacional con grandes centrales hidroeléctricas y mantiene la capacidad de vender electricidad a sus vecinos. En 2025, la demanda eléctrica del país alcanzó 29.419 GWh, abastecida por Itaipú, Yacyretá y Acaray, según la Administración Nacional de Electricidad (ANDE).
El dato impresiona, pero es crucial entender la distinción: hablamos de electricidad, no de toda la energía que mueve al país. Encender una bombilla, conectar una nevera o alimentar gran parte de la actividad industrial se sustenta en una matriz energética limpia. Sin embargo, el transporte, que depende de combustibles fósiles, sigue siendo un área en la que queda trabajo por hacer.
La clave está en los ríos
El corazón energético de Paraguay se encuentra en sus ríos. En la práctica, el sistema eléctrico se apoya en tres grandes generadoras: Itaipú, Yacyretá y Acaray. En 2025, Itaipú contribuyó con 25.768 GWh al consumo nacional, lo que equivale al 87,6 % del total reportado por la ANDE. Yacyretá sumó 3.081 GWh, alcanzando un 10,5 %, y Acaray completó el cuadro con 570 GWh, un 1,9 %.
Esto significa que para una familia paraguaya, la electricidad que llega a sus hogares proviene, en gran medida, de la fuerza del agua y no de la quema de carbón, gas o petróleo. Esta diferencia se refleja en las emisiones vinculadas a la generación eléctrica y en la seguridad energética, ya que el país depende menos de la compra de combustibles para generar electricidad.
Tres presas clave
La ANDE explica que el Sistema Interconectado Nacional se nutre principalmente de centrales hidroeléctricas. Itaipú cuenta con 20 generadores de 700 MW cada uno y una potencia disponible para Paraguay de 7.000 MW. Acaray, más pequeña, tiene 4 generadores de 50 MW y 200 MW disponibles. Yacyretá aporta 1.600 MW al país.
La escala es fundamental. Itaipú, compartida con Brasil, es el gran pilar del sistema. Yacyretá, compartida con Argentina, representa otro bloque esencial. Acaray, aunque juega un papel menor, es útil para la estructura nacional. Sin estas tres piezas, la situación energética de Paraguay sería muy distinta.
Energía para vender
El caso paraguayo destaca no solo por producir electricidad limpia para consumo interno, sino también por exportar una parte significativa. En 2024, Paraguay exportó 15.998,6 GWh de electricidad, de los cuales 12.973,2 GWh fueron hacia Brasil y 3.025,5 GWh a Argentina, según el Balance Energético Nacional 2024.
En términos porcentuales, Brasil recibió el 81,1 % de las exportaciones eléctricas y Argentina el 18,9 %. Además, la electricidad representó el 87,7 % de todas las exportaciones energéticas paraguayas ese año. Esto convierte al sistema eléctrico en algo más que un tema ambiental; es una herramienta económica y geopolítica, donde cada megavatio cuenta.
El matiz que cambia todo
Sin embargo, que Paraguay cuente con electricidad casi totalmente renovable no significa que toda su economía esté libre de combustibles fósiles. El Balance Energético Nacional 2024 muestra que, dentro del consumo final de energía, la electricidad representó el 26,2 %, los derivados del petróleo el 45,6 % y la biomasa el 28,2 %.
Aquí radica una diferencia clave. La matriz eléctrica no coincide con la matriz energética completa. El transporte continúa siendo el gran desafío. En 2024, este sector representó el 37,0 % del consumo final de energía, y el 88,4 % de su consumo provino de derivados del petróleo. Alrededor del 99,4 % corresponde al transporte por carretera. Atascos, camiones, autobuses, humo y diésel aún son parte del paisaje.
El riesgo del agua
La otra cara de este modelo es su gran dependencia de los ríos. En 2024, la generación bruta de electricidad cayó un 19,5 % respecto a 2023 y las exportaciones eléctricas disminuyeron un 47,4 %. El balance oficial atribuye esta caída a la sequía hidrológica en la cuenca Paraná-Paraguay, calculando que el caudal promedio mensual turbinado por las centrales hidroeléctricas se redujo alrededor de un 22 %.
Este aspecto es crucial. La hidroeléctrica es renovable, sí, pero no es inmune al cambio climático ni a los años secos. Cuando falta agua, desciende la producción y se limita la capacidad de exportación. El informe oficial resume con claridad la «alta vulnerabilidad» de una matriz tan dependiente de la hidroelectricidad y resalta la necesidad de diversificar.
Un modelo útil, no perfecto
Paraguay demuestra que una red eléctrica limpia puede sostener hogares, industria y exportaciones. También ilustra un aspecto más incómodo: no basta con tener electricidad renovable si el transporte, parte de la industria y ciertos consumos cotidianos siguen atados al petróleo.
El reto ya no es solo producir energía limpia, sino usarla mejor. Electrificar más el transporte, mejorar la eficiencia, reforzar las redes y diversificar las fuentes renovables ayudaría a que el país dependa menos de los ciclos del agua. La ventaja de partida es enorme; ahora se trata de avanzar hacia una transición más completa.
La nota oficial sobre el consumo eléctrico nacional de 2025 ha sido publicada por la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), y el detalle sobre generación, exportaciones y consumo energético figura en el Balance Energético Nacional 2024 del Viceministerio de Minas y Energía de Paraguay.
