Floreana llevaba más de 180 años sin sus grandes «jardineras» naturales. El 20 de febrero de 2026, 158 tortugas gigantes jóvenes fueron liberadas en la isla, lo que marca un antes y un después en la restauración ecológica del archipiélago. La clave no es solo que regresen, sino que lo hacen cuando, por fin, el terreno empieza a estar listo tras años de trabajo para erradicar especies invasoras y con un plan a largo plazo en marcha. ¿Puede una isla recuperar parte de lo que perdió en el siglo XIX? Floreana intenta demostrar que sí.
Un regreso que se llevaba esperando generaciones
Las tortugas liberadas pertenecen al linaje de la tortuga gigante de Floreana (Chelonoidis niger niger), desaparecida localmente desde mediados del siglo XIX. Según la Fundación Charles Darwin, esta liberación es la primera de 12 reintroducciones previstas dentro del Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana. Floreana no es una isla deshabitada, y la cifra de residentes ronda las 160 personas. Lorena Sánchez, directora del Parque Nacional Galápagos, definió este reto como «uno de los mayores desafíos» en la gestión de una isla poblada, mientras que Verónica Mora, representante comunitaria, recordó que «nuestros medios de vida» dependen de la salud del territorio.
¿Por qué Floreana se quedó sin tortugas?
La desaparición de las tortugas no fue un misterio científico, sino una historia humana bastante directa. La NASA recuerda que en el siglo XIX, las tortugas fueron cazadas intensamente por balleneros, y que además llegaron depredadores introducidos, como cerdos y ratas, que se alimentaban de los huevos y crías. Cuando un animal que, durante siglos, ha moldeado el paisaje desaparece, el ecosistema se descoloca. No ocurre de un día para otro, pero se nota con el paso de las estaciones, igual que se siente cuando desaparecen los árboles que brindaban sombra en un camino.
No son «solo» un símbolo, son ingenieras del ecosistema
Las instituciones que lideran la reintroducción insisten en un punto que a veces se pierde entre titulares. Las tortugas gigantes funcionan como auténticas ingenieras del ecosistema, ya que pastan, pisan el terreno y dispersan semillas, ayudando a mantener hábitats abiertos y a que las plantas nativas recuperen espacio. El Ministerio del Ambiente y Energía de Ecuador resume su rol al señalar que cumplen un «rol estratégico» como dispersoras de semillas y reguladoras de la vegetación. Esto significa que su presencia puede desencadenar cambios en cadena que beneficien a otras especies.
El giro que llegó desde el volcán Wolf
La historia del «regreso» comenzó lejos de Floreana. En el volcán Wolf, en la isla Isabela, se encontraron tortugas con ascendencia de Floreana, lo que permitió reactivar un linaje que se daba por perdido. Hugo Mogollón, de Galápagos Conservancy, lo resumió de manera clara: «la liberación de hoy representa la culminación de años de investigación genética». Galapagos Conservation Trust explica que, tras los análisis de ADN, los genetistas se fijaron en 23 individuos fundadores (9 machos y 14 hembras) como base del programa de cría formalizado en 2017 en Santa Cruz. Para 2025, ya se habían logrado más de 600 crías, de las cuales unas 300 eran lo suficientemente grandes para ser liberadas.
Es importante aclarar que no se trata de «clonar» una especie del pasado, sino de recuperar, mediante reproducción selectiva, una población con un perfil genético lo más cercano posible al original, dentro de lo que permite la ciencia y la diversidad disponible.
Cómo se eligió el momento y el lugar de la suelta
Liberar animales no es simplemente abrir una jaula y listo. El Gobierno de Ecuador detalla que cada ejemplar pasó por protocolos sanitarios y de manejo, incluyendo cuarentena, desparasitaciones, evaluaciones e implantación de microchips, lo que permite identificarlos y seguir su evolución en el tiempo. También se buscó el mejor momento del año, y Galápagos Conservancy explica que la reintroducción se programó para coincidir con la temporada de lluvias, cuando la vegetación es más abundante y las fuentes de agua estacionales disponibles.
La ayuda inesperada que llega desde el espacio
Una de las piezas más llamativas de esta historia es la tecnología utilizada para decidir dónde soltar a las tortugas. La NASA explica que sus datos satelitales ayudan a cartografiar humedad, temperatura y cambios en la vegetación, con el objetivo de encontrar zonas donde haya alimento y agua, no solo hoy, sino también en las próximas décadas. Keith Gaddis, responsable del programa de Diversidad Biológica y Pronóstico Ecológico de NASA Earth Action, resumió el desafío: «¿Dónde tendrán estos animales la mejor oportunidad de sobrevivir, no solo hoy, sino en las décadas por venir?».
El seguimiento empieza ahora
Tras la foto del momento, llega el trabajo silencioso. Galápagos Conservancy señala que todas las tortugas liberadas están equipadas con transmisores GPS ligeros, lo que permite monitorizar sus movimientos de forma periódica durante los próximos años y reaccionar si aparecen riesgos. Al mismo tiempo, los adultos reproductores se mantienen en cautividad para seguir produciendo nuevas cohortes que se liberarán de forma gradual. Según Associated Press, esta liberación es el primer paso de una introducción más amplia, con un objetivo total de 700 tortugas para Floreana a lo largo del tiempo.
Las amenazas que no han desaparecido del todo
A pesar de los avances en las campañas contra especies invasoras, Floreana sigue enfrentándose a presiones conocidas. Associated Press recuerda que en la isla hay especies introducidas, desde plantas invasoras (como la zarzamora o la guayaba) hasta animales como ratas, gatos, cerdos o burros, que pueden afectar a huevos, crías o al propio hábitat. Por ello, el proyecto se plantea como una maratón y no como un evento aislado. Si la isla vuelve a funcionar como antes, será gracias a decisiones constantes, vigilancia y ajustes en el terreno. Y eso no es poca cosa.
El comunicado oficial más reciente sobre esta liberación ha sido publicado por el Ministerio del Ambiente y Energía de Ecuador.
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