
MADRID, 5 Ene. (EUROPA PRESS) –
Los comportamientos de autolesión y autosabotaje, que van desde pellizcarse la piel hasta desaparecer de la vida de otras personas (denominado ‘ghosting’), tienen su origen en mecanismos de supervivencia evolutivos, de acuerdo con un nuevo análisis psicológico.
El psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland, en su reciente libro «Explosiones Controladas en la Salud Mental», investiga las bases biológicas de estos comportamientos dañinos. Aunque a primera vista puedan parecer contraintuitivos, sostiene que el cerebro utiliza pequeños daños autoinfligidos como una dosis protectora para prevenir perjuicios mayores.
Pongamos un ejemplo: una persona puede procrastinar en el inicio de un proyecto y, aunque esto le cause un perjuicio, lo hace para evitar un daño más grave, como el fracaso o el rechazo. «Nuestro cerebro es una máquina de supervivencia. Está programado no para optimizar nuestra felicidad o bienestar, sino para mantenernos vivos. Necesita que existamos en un mundo predecible. No le gustan las sorpresas. No quiere que nos veamos sorprendidos», explica el psicólogo.
Heriot-Maitland destaca que estar expuestos a amenazas y peligros es ya un gran desafío, pero lo que realmente nos afecta es estar frente a amenazas impredecibles, lo que provoca que nuestro cerebro actúe para ofrecernos versiones más controladas de la amenaza. «Prefiere que seamos nosotros quienes manejemos nuestra propia caída antes que arriesgarnos a ser derribados por algo externo», añade.
Este mecanismo de protección se basa en un principio fundamental: el cerebro prefiere manejar amenazas conocidas y controladas antes que enfrentarse a la posibilidad de una amenaza incontrolable. La ciencia detrás de esta teoría se fundamenta en cómo evolucionó el cerebro humano, diseñado mayormente para la supervivencia y no para la felicidad.
Los cerebros humanos están programados para detectar peligro en todas partes, lo que permitió a la especie sobrevivir. Sin embargo, esto resulta en una sensibilidad extrema a cualquier posible daño, ya sea físico o emocional. «Nuestros cerebros han evolucionado para percibir amenazas, incluso cuando no existen, con el fin de desencadenar una respuesta protectora», subraya el experto.
Comportamientos Comunes de Autosabotaje
Entre los comportamientos de autosabotaje más frecuentes se encuentran la procrastinación, el perfeccionismo y la autocrítica. El perfeccionismo se asemeja a la procrastinación, aunque opera mediante mecanismos distintos. Mientras que la procrastinación desvía la atención de las tareas, los perfeccionistas pueden mostrar una hiperconcentración y atención al detalle en su intento de evitar errores. La motivación principal suele ser el temor al fracaso, lo que a su vez puede llevar al perfeccionista al estrés y al agotamiento.
La autocrítica es otra forma de autosabotaje, ya sea persiguiendo la auto-mejora o culpándose, lo que genera una sensación de control y agencia. Todos estos comportamientos implican una especie de secuestro neurológico en el que el sistema de respuesta del cerebro se apropia de funciones cognitivas superiores como la imaginación y el razonamiento.
Este sistema de amenaza utiliza esas funciones cognitivas, lo que explica por qué, al experimentar miedo, pueden inundarse de inmediato escenarios predictivos relacionados con lo que tememos. Un problema común de los comportamientos de autosabotaje es que a menudo se convierten en profecías autocumplidas. «Si creemos que no somos buenos en algo, es probable que no demos lo mejor de nosotros e incluso rindamos peor de lo que hubiéramos hecho si tuviéramos expectativas diferentes», aclara el psicólogo.
Reconocer que estos comportamientos no son útiles es solo el primer paso para abordarlos. Es fundamental entender su función protectora antes de intentar eliminarlos. Como señala el experto, «el escuadrón antibombas no son nuestros enemigos. Están protegiendo algo grande, algo herido, algo doloroso», que en muchos casos puede estar relacionado con experiencias difíciles de vida, como traumas o tragedias. Aunque estas «explosiones controladas» nos causan daño, también debemos recordar su propósito.
Crear Seguridad alrededor del Dolor Emocional
Las intervenciones psicológicas efectivas deben centrarse en procesar el dolor emocional subyacente. Sin embargo, este proceso puede ser una «elección difícil» y no se trata de un «arreglo rápido». Resolver el daño subyacente implica crear seguridad en torno a la situación y la emoción temida, así como reconocer y llorar la pérdida de necesidades básicas insatisfechas.
Salir del ciclo de autosabotaje no se logra a través de una mayor autocrítica, que solo refuerza los circuitos neuronales existentes, sino a través de la autocompasión. Para aprovechar la neuroplasticidad del cerebro y aprender hábitos menos dañinos, es clave primero reconocer y comprender nuestros comportamientos.
«Incorporar motivaciones compasivas en este proceso no es automático. Requiere tiempo, esfuerzo e intención», asevera Heriot-Maitland, quien añade que entender la base evolutiva del autosabotaje permite reconocer su función protectora mientras se abordan los daños causados sin juicio. «No queremos luchar contra estos comportamientos, pero tampoco queremos complacerlos y permitir que sigan controlando, dictando y saboteando nuestras vidas. Tenemos opciones aquí», concluye.
