El ‘Bribon’, con el rey Juan Carlos como patrón, inicia el 9 de septiembre de 2025 la defensa del título mundial en el histórico Seawanhaka Corinthian Yacht Club (SCYC) de Nueva York. EFE/María Muiña
Pilar Mazo | Logroño (EFE).- Un buen libro de memorias debe incluir un equilibrio entre la confesión y la discreción, así como responder a otros aspectos esenciales como la autenticidad, la narratividad, la relevancia y la dimensión cultural.
Así lo ha explicado a EFE la directora del Máster en Escritura Creativa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Anna Cacciola, quien considera que las memorias constituyen «un género de éxito inagotable» y que, en el horizonte próximo, tiene varios lanzamientos «sonados», como las del rey Juan Carlos I, Isabel Preysler y la francesa Gisèle Pelicot.
Desde el punto de vista de esta doctora en Lengua y Literatura Española, para que un buen libro de memorias funcione de verdad, debe tener cinco aspectos esenciales: autenticidad, narratividad, relevancia, equilibrio entre la confesión y la discreción, y dimensión cultural.
Ha insistido en que el lector espera revelaciones y secretos, pero «demasiada exhibición convierte el texto en un tabloide y demasiada opacidad puede convertir la experiencia de lectura en algo frustrante», por lo que «mantener ese equilibrio entre la confesión y la discreción es muy importante».
Para que un buen libro de memorias funcione en términos de éxito en su publicación, Cacciola ha defendido que también debe incluir el componente de autenticidad, con el fin de que el lector sienta que está accediendo a una verdad honesta.
Igualmente, se debe leer casi como una novela, por lo que debe tener cierto ritmo, tensión narrativa y anécdotas que sean reveladoras. Además, no todas las vidas interesan por igual, por lo que es necesario encontrar un ángulo o perspectiva, ya sea la vida pública, un testimonio de una época o una historia de superación personal, en lo que cobra importancia el aspecto de la relevancia.
Un buen libro de esta naturaleza tampoco se limita a contar una vida, sino que ilumina un tiempo histórico, una sociedad o una mentalidad. Detrás de todo ello, hay «un proceso editorial complejo y muy planificado», ya que no se trata simplemente de que una persona famosa se siente a escribir lo que recuerde de su vida y se lo entregue a una editorial. Hay un engranaje de fases literarias y comerciales que convierten este tipo de obras en auténticos acontecimientos mediáticos.
Gisele Pelicot, el 10 de octubre de 2025, en Nimes (Francia). EFE/EPA/GUILLAUME HORCAJUELO
Las memorias no se agotan
Actualmente, las memorias son un género literario que tiene un atractivo que parece no agotarse porque responden a «algo profundamente humano, que es la curiosidad por la vida de los otros», ha señalado esta experta.
El lector de memorias busca el acceso a lo privado de personas que, en muchos casos, han estado en la esfera pública, cómo se han enfrentado a momentos decisivos de su trayectoria o qué hay detrás de esa imagen construida en los medios de comunicación.
Por ejemplo, Isabel Preysler, ha argumentado Cacciola, no es una figura política, pero sí ha sido y sigue siendo un icono social que ha marcado el imaginario de la elegancia en la vida pública española durante décadas.
Finalmente, Cacciola cree que las memorias no necesitarán, a largo plazo, el auxilio de la inteligencia artificial, ya que en ellas prima «lo anecdótico, lo personal». Por ello, «más allá de un auxilio en la revisión de estilo, poco puede aportar la inteligencia artificial en la plasmación de una narración individual y personalísima», ha concluido.
