Los comisarios europeos se reunieron el viernes 29 de mayo para debatir cómo proteger a las industrias europeas del aumento de las importaciones chinas. Reconocieron que «la situación actual de la relación comercial y de inversiones no es sostenible» y coincidieron en la necesidad de una estrategia de reducción de riesgos en lugar de una desvinculación completa.
A comienzos de la semana pasada, la Comisión barajó medidas que podrían obligar a las empresas a diversificar sus cadenas de suministro y limitar el acceso de Pekín al mercado europeo de productos químicos, metales y energía limpia.
Se esperan propuestas concretas en el tercer trimestre del año, tras la cumbre de junio de los líderes europeos. Esta reunión, sin embargo, marca un giro decisivo, ya que Europa trataba su creciente dependencia de China como un simple asunto comercial. Ahora reconoce esa dependencia como un problema de competitividad y de seguridad.
El problema de la sobredependencia de Europa
Europa asume que eligió la eficiencia por encima de la resiliencia, mientras China fue construyendo poco a poco su control sobre cuellos de botella industriales críticos.
«Se trataba de una estrategia a largo plazo de China», afirmó Andrew Small, director del Programa de Asia en el European Council on Foreign Relations. «China se ha asegurado deliberadamente de que cualquier intento de crear fuentes alternativas de suministro quedara neutralizado«.
A través de su influencia sobre la disponibilidad, los precios y el suministro, Pekín puede convertir el comercio en un arma y hacer que la UE sea vulnerable a interrupciones, shocks de precios y restricciones a la exportación. En 2025, el déficit comercial de la UE con China ascendió a 359.900 millones de euros, un 2,7% más que en 2024.
Un estudio de 2024 de la Comisión Europea revela que, de los 204 bienes de los que la UE depende, en 64 casos el principal proveedor es China. Hoy, China suministra a Europa el 98% de los paneles solares, el 54,4% de la maquinaria y los vehículos y el 9,8% de los productos químicos, según datos de la Comisión.
La sobredependencia de Europa va más allá de los productos acabados. Pekín ejerce una fuerte influencia en el tramo intermedio de las cadenas de suministro, donde se concentra la producción, el refinado y el procesamiento de materias primas y componentes críticos.
Actualmente, la UE importa el 97% del magnesio para baterías de nueva generación y aleaciones de aluminio. El 100% de las tierras raras utilizadas para imanes permanentes se refina en China, según datos de la Comisión.
Pekín procesa en torno al 60%-70% del litio mundial. Controla el 86% de la producción mundial de polisilicio y aspira a alcanzar el 88% en 2030, lo que dificultará que la UE desarrolle una industria solar enteramente propia, según la Agencia Internacional de la Energía.
«Estamos muy contentos de beneficiarnos de unos costes laborales o de vida más bajos, pero los bienes intermedios y componentes baratos que obtenemos de China han aumentado la competitividad de nuestros productos finales«, advirtió Jacob Gunter, responsable del programa de Economía e Industria en MERICS.
Europa decidió deliberadamente no actuar frente a muchas de sus dependencias. «Fue una serie de decisiones democráticas razonables que se tomaron, en gran medida, porque la mayoría de la gente desconoce cuál es el modelo económico chino», señaló Gunter.
Reducir riesgos, no romper lazos
La Comisión anunció el 29 de mayo que planea reducir riesgos frente a China en lugar de cortar lazos. Europa quiere mantener sus relaciones comerciales con Pekín y, al mismo tiempo, reducir su exposición al riesgo en ámbitos como materias primas, baterías, chips, energía solar y otras cadenas de suministro estratégicas.
Aunque alcanzar una autonomía completa puede ser difícil, el objetivo debería ser situarse en una posición en la que la eficiencia económica no se convierta en un problema de seguridad. Esto sucede «cuando la dependencia de un único proveedor crea margen para la coerción geopolítica en áreas críticas como las cadenas de suministro, las materias primas o la tecnología», explicó Alicia García Herrero, profesora adjunta en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong.
Europa dispone de las tecnologías necesarias para desarrollar su propia capacidad e incluso está preparada para el enorme gasto de capital que implica la reducción de riesgos, según Gunter. «No se trata de ‘si tenemos el dinero para hacerlo’, sino más bien de ‘si tenemos la voluntad política para hacerlo’, y creo que aún no la tenemos», declaró Gunter a ‘Euronews’.
Europa carece de la infraestructura y las competencias necesarias para replicar en poco tiempo los ecosistemas industriales chinos o el procesamiento de tierras raras, subrayó García Herrero. Sin embargo, «las dependencias que pueden reducirse de forma realista en los próximos cinco años incluyen una diversificación parcial de componentes e insumos críticos mediante nuevas normas de contratación», explicó.
La estrategia de reducción de riesgos de Europa se apoya en un marco jurídico introducido en su mayoría después de que la presidenta Von der Leyen reclamara en 2019 políticas más realistas y firmes. La Estrategia de Seguridad Económica de 2023 protege las cadenas de suministro e infraestructuras europeas a través de tres pilares: promover, proteger y asociarse.
La Ley de Materias Primas Críticas de 2024 fija objetivos internos para 2030 con el fin de garantizar que las empresas europeas tengan acceso a largo plazo a materias primas. La Ley de Chips, adoptada en 2023, busca recuperar la industria de semiconductores en Europa mediante el refuerzo de capacidades, la seguridad de suministro y la vigilancia de crisis. Con la Ley de Industria Cero Neto de 2024, la UE pretende reducir las importaciones de tecnologías limpias, como baterías y celdas solares.
La Comisión también ha puesto en marcha el Reglamento sobre inversiones extranjeras directas (2025), el Instrumento de Contratación Pública Internacional (2012) y el Instrumento contra la Coacción (2023) para proteger a la UE de la competencia desleal, incluida la procedente de China.
La clave será si el plan de reducción de riesgos de la UE es lo bastante sólido y si los Estados miembros cooperan. «No creo que la mayoría de los dirigentes europeos estén pensando realmente en serio en todos esos riesgos de dependencia. Creo que todos piensan a corto plazo (…) y, en ese sentido, me preocupa la credibilidad de una agenda de reducción de riesgos«, concluyó.
El coste de la resiliencia
El año pasado, los responsables de fábricas europeas llamaron a los gobiernos con un mensaje urgente: «Nos quedan días de suministros«. China había recortado las exportaciones de materiales de tierras raras, esenciales para fabricar motores de vehículos eléctricos, aerogeneradores, equipos de defensa y semiconductores. Las plantas estaban a pocos días de detener su producción.
Aquel fue el momento en que la reducción de riesgos dejó de ser jerga de Bruselas para convertirse en una urgencia a pie de fábrica. «Pronto quedó claro que China ya no iba a suministrar de forma fiable a Europa«, afirma Andrew Small, investigador transatlántico en el Fondo Marshall Alemán. «Decisiones adoptadas en China podían paralizar amplias franjas de la industria europea».
Los sectores más expuestos abarcan buena parte de la economía industrial: vehículos eléctricos, baterías, paneles solares, aerogeneradores, defensa, productos farmacéuticos, semiconductores y robótica.
Comparten una vulnerabilidad más profunda de lo que suele suponerse, no en el nivel del
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