MADRID, 16 de mayo. El ejercicio ha demostrado beneficios comparables a los fármacos antihipertensivos; sin embargo, persisten lagunas en la evidencia científica sobre cuál es el ejercicio más efectivo para reducirla durante 24 horas.
La hipertensión arterial es una elevación persistente de la presión con la que la sangre circula por las arterias, lo que obliga al corazón y a los vasos sanguíneos a trabajar más de lo normal. A largo plazo, la hipertensión mal controlada aumenta claramente el riesgo de infarto de miocardio, ictus, insuficiencia cardíaca, daño renal y otros problemas vasculares graves.
El entrenamiento aeróbico se relaciona de manera más consistente con descensos significativos de la presión arterial en cualquier momento, mientras que la evidencia para el entrenamiento de resistencia por sí solo, el ejercicio isométrico, el yoga, el pilates y los deportes recreativos es más limitada.
Un nuevo análisis de datos agrupados de evidencia disponible sobre varios tipos diferentes de ejercicio estructurado, realizado por el Centro de Investigaciones Clínicas del Hospital de Clínicas de Porto Alegre (Brasil), revela que el entrenamiento aeróbico y de resistencia combinados, así como el entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT), se asocian con reducciones significativas de la presión arterial durante 24 horas.
El estudio, que se publica en el ‘British Journal of Sports Medicine’, recuerda que se considera la hipertensión arterial según la Sociedad Europea de Cardiología cuando su lectura regular es superior a 140/90 mm Hg. En estos casos, los médicos recomiendan ejercicio para la prevención y el tratamiento de la hipertensión arterial, además de medicamentos para reducirla.
Según explican los investigadores, la monitorización ambulatoria de la presión arterial (mediciones que registran las fluctuaciones de la presión arterial durante las actividades cotidianas, en lugar de durante una visita al médico) es un indicador más fiable de futuras enfermedades cardiovasculares graves y de muerte.
Para averiguarlo, los investigadores examinaron bases de datos de investigación desde noviembre de 2024 hasta agosto de 2025 en busca de ensayos clínicos comparativos relevantes que analizaran el impacto del entrenamiento físico estructurado con una duración mínima de 4 semanas.
¿QUÉ EJERCICIOS SE ANALIZARON EN EL ESTUDIO?
Entre las modalidades incluidas se encontraban: ejercicio aeróbico (como caminar a paso ligero, correr y montar en bicicleta); entrenamiento de resistencia (utilizando el propio cuerpo o pesas); ejercicio isométrico (como planchas o sentadillas contra la pared); HIIT (entrenamiento de alta intensidad a intervalos); yoga o pilates; y deportes recreativos (como fútbol, tenis playa y balonmano).
Los resultados de 31 ensayos controlados aleatorios, en los que participaron más de 1.345 personas y 67 tipos diferentes de ejercicio, se agruparon en un metaanálisis en red, que integra tanto la evidencia directa como la indirecta.
El principal hallazgo es que la combinación de ejercicio y entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) redujo la presión arterial durante 24 horas, mientras que el ejercicio aeróbico mostró las reducciones más consistentes en la presión arterial ambulatoria, tanto de día como de noche.
En comparación con la ausencia de ejercicio, el entrenamiento combinado se asoció con una reducción promedio de 6,18 mm Hg, mientras que el ejercicio aeróbico se asoció con una reducción de 4,73 mm Hg, y el HIIT con una reducción de 5,71 mm Hg en la presión arterial sistólica (el mayor de los dos números) durante 24 horas.
Se observaron reducciones promedio en la presión arterial diastólica (el menor de los dos números) con el entrenamiento combinado (3,94 mm Hg), el ejercicio aeróbico (2,76 mm Hg), el HIIT (4,64 mm Hg) y el pilates (4,18 mm Hg) durante 24 horas.
Los resultados indicaron que el pilates, el yoga y los deportes recreativos no carecían de beneficios, pero los investigadores afirman que serían necesarios ensayos clínicos a gran escala para confirmar los hallazgos antes de que pudieran utilizarse para fundamentar la práctica clínica.
Investigaciones anteriores han destacado el ejercicio isométrico como el ejercicio más eficaz para reducir la presión arterial alta, señalan los investigadores. Sin embargo, «las mejoras en la función del endotelio (revestimiento celular) y la reducción de la resistencia periférica total resultantes de la vasodilatación sostenida, impulsada por el aumento
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