
El 4 de enero en Madrid, un estudio revela cómo el uso excesivo de pantallas entre los niños puede afectar su desarrollo cerebral. La infancia es un período crítico para el desarrollo cerebral, siendo especialmente sensible a las influencias externas. Por ello, una exposición temprana y prolongada a las pantallas puede generar efectos adversos significativos en su capacidad de toma de decisiones. Este conocimiento resalta la necesidad de que padres y cuidadores sean más conscientes de las prácticas de crianza y su impacto en los pequeños.
Investigadores de la Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación (A*STAR) de Singapur han encontrado importantes vínculos entre el tiempo que los niños pasan frente a pantallas antes de cumplir dos años, y una toma de decisiones más lenta así como una mayor ansiedad en la adolescencia. El estudio, publicado en la revista eBioMedicine, indica que aquellos niños que pasan más tiempo frente a las pantallas muestran una maduración acelerada de las redes cerebrales encargadas del procesamiento visual y control cognitivo, posiblemente debido a la «intensa estimulación sensorial» que proporcionan los dispositivos electrónicos.
Es interesante notar que el tiempo de pantalla medido a los tres y cuatro años no ha tenido los mismos efectos, lo que enfatiza que la infancia es un período «particularmente sensible». El doctor Huang Pei, primer autor del estudio, sostiene que «la maduración acelerada ocurre cuando ciertas redes cerebrales se desarrollan demasiado rápido, a menudo en respuesta a la adversidad u otros estímulos».
El problema de la especialización prematura de las redes cerebrales
Esta especialización prematura se ha observado en niños que tienen redes cerebrales alteradas, quienes presentan demoras en la toma de decisiones durante tareas cognitivas a los 8,5 años, sugiriendo una menor eficiencia o flexibilidad cognitiva. Además, estos niños han reportado mayores síntomas de ansiedad al llegar a los 13 años, lo que indica que la exposición a pantallas en la infancia puede tener efectos que se extienden mucho más allá de la primera infancia, impactando su desarrollo cerebral y comportamiento a lo largo de los años.
El estudio se basa en datos de 168 niños de la cohorte «Creciendo en Singapur Hacia Resultados Saludables» (GUSTO), a quienes se ha monitorizado durante más de una década, utilizando imágenes cerebrales a los 4,5 años, 6 años y 7,5 años, lo que ha permitido rastrear el desarrollo de sus redes cerebrales con el tiempo.
La lectura para contrarrestar el impacto de las pantallas
Por otro lado, los investigadores han apuntado a un hallazgo relevante en uno de sus estudios, publicado en 2024 en la revista Psychological Medicine, que sostiene que el tiempo que los bebés pasan frente a la pantalla también está asociado con alteraciones en las redes cerebrales que regulan la emoción. Sin embargo, se ha encontrado que la lectura entre padres e hijos podría mitigar algunos de estos cambios cerebrales.
Entre los niños cuyos padres les leían de manera frecuente a los tres años, el vínculo entre el tiempo frente a la pantalla y un desarrollo cerebral alterado se debilitó notablemente. Esto sugiere que la lectura compartida ofrece una experiencia enriquecedora e interactiva que el consumo pasivo de pantallas no puede proporcionar, incluyendo interacciones recíprocas, exposición al lenguaje y una conexión emocional más profunda.
El investigador principal del IHDP A*STAR, Tan Ai Peng, señala que «esta investigación nos da una explicación biológica de por qué es crucial limitar el tiempo frente a pantallas durante los dos primeros años». Además, resalta la importancia de la participación parental, indicando que actividades como leer juntos pueden tener un impacto significativo en el desarrollo de los niños.
El estudio fue llevado a cabo en colaboración con investigadores del Hospital Universitario Nacional de Singapur, el Hospital de Mujeres y Niños KK, y la Universidad McGill de Canadá.
