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El Ejército estadounidense informó sobre un nuevo ataque contra un barco acusado de transportar drogas en el mar Caribe, con el saldo trágico de tres personas muertas este domingo. Esta acción se enmarca dentro de los esfuerzos de la Administración Trump para reprimir el contrabando de drogas hacia los Estados Unidos.
La campaña de la Administración Trump de hacer estallar presuntas embarcaciones de narcotráfico en aguas latinoamericanas ha persistido desde principios de septiembre, resultando en al menos 181 muertes. También se han producido otros ataques en el Pacífico oriental.
La serie de ataques se ha intensificado en la última semana, a pesar del conflicto en Irán, que ha captado la atención principal del Ejército estadounidense desde que estalló el 28 de febrero.
La reanudación de los ataques indica que la Administración no está dispuesta a ceder en su lucha contra lo que denomina «narcoterrorismo» en el hemisferio occidental. Hasta la fecha, el Ejército estadounidense no ha proporcionado pruebas de que ninguno de los buques atacados transportara drogas.
Los ataques comenzaron en el contexto de un reforzamiento de la mayor presencia militar de EE.UU. en la región en varias generaciones, y se produjeron meses antes de la captura del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro, que fue trasladado a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico, de los que se ha declarado inocente.
En el último ataque, el Mando Sur de los Estados Unidos reafirmó sus declaraciones anteriores, indicando que había atacado a los presuntos narcotraficantes en rutas de contrabando conocidas. También publicaron un vídeo en X donde se puede ver una embarcación desplazándose por el agua antes de que una súbita explosión la envuelva en llamas.
El presidente Donald Trump ha manifestado en ocasiones que su país se encuentra en un «conflicto armado» con los cárteles de América Latina, justificando los ataques como una medida necesaria para detener el flujo de drogas hacia Estados Unidos y las sobredosis mortales que han cobrado vidas estadounidenses.
Sin embargo, su Administración ha ofrecido escasas evidencias que respalden sus afirmaciones de estar eliminando «narcoterroristas». Los críticos han tachado los ataques reiterados de violaciones al Derecho Internacional, dado que la mayoría de estos incidentes ocurren en aguas internacionales, lo cual los convierte en ilegales.
