Las imágenes documentan el impacto y la dimensión de la tragedia provocada por los recientes incendios forestales en España. Mientras que las consecuencias económicas de estos siniestros aún están por calibrar, la crisis incendiaria deja a su paso viviendas calcinadas, pueblos ennegrecidos, explotaciones agrícolas y ganaderas destruidas, negocios afectados y bosques y matorrales reducidos a cenizas, muchos de los cuales son integrantes de valiosísimos espacios naturales protegidos. Hasta la fecha, se han reportado 8 fallecidos, al menos 50 heridos y más de 30.000 personas desalojadas. Un impacto social, económico y ambiental muy difícil de recoger con una cámara de fotos.
“Desde el aire, lo que se ve no es sólo tierra quemada: son hogares perdidos, paisajes convertidos en ceniza y un futuro que se apaga. Es un país en llamas y una emergencia que ya no podemos permitirnos ignorar: si no se invierte en prevención y gestión forestal, cada verano será peor que el anterior”, ha declarado el fotógrafo Pedro Armestre.
Este 2025, lamentablemente, es un año histórico, en el que cada incendio ha sido mucho más destructivo que los anteriores. Por ello, es urgente que se gestionen las masas forestales que son el escenario donde transcurre el fuego y que, paralelamente, se trabaje en un pacto de Estado para definir una hoja de ruta nacional ambiciosa con compromisos vinculantes, financiación estable, participación ciudadana, un sistema de rendición de cuentas y poner especial foco en aquellas personas en situación de vulnerabilidad.
El segundo país con mayor superficie forestal de la UE
España, con 27,9 millones de hectáreas de suelo forestal que ocupan el 55,2 % del territorio nacional, es el segundo país con mayor superficie forestal de la UE, por detrás de Suecia. No obstante, el abandono del medio rural y del uso tradicional del medio agrícola y forestal han incrementado la superficie de masas vegetales jóvenes, con un exceso de densidad agravado por la ausencia de herbívoros. Sumado a ello, persiste un uso delictivo del fuego; la “urbanización” y el uso recreativo del monte han aumentado el riesgo de ignición y propagación.
Asimismo, el verano de 2025 acumula récords que explican la virulencia de los incendios y sus dificultades de extinción. Una ola de calor de 16 días de duración ha agravado los incendios que han asolado la península, batindo registros históricos, convirtiéndose en la más intensa desde que hay datos oficiales. España se ha convertido en uno de los territorios más afectados por la emergencia climática, que agrava distintos impactos: grandes incendios forestales, desertificación, lluvias torrenciales, inundaciones, pérdida de recursos hídricos o escorrentía.
No ha acabado todo
Las dimensiones arrasadas y la voracidad con la que el fuego ha engullido todo a su paso no han finalizado. La bajada de temperaturas puede provocar intensas lluvias que arrastrarán las cenizas hacia los cauces, contaminándolos. La falta de retención de tierras fértiles, que han quedado desprotegidas, acrecienta la desertificación del territorio y provoca cambios en el caudal de los ríos. La fauna, sin recursos en tierras quemadas, se aproximará a las cosechas, y los accidentes de tráfico por atropellos se multiplicarán. Cuando el territorio arde, no sólo se pierde masa forestal, se modifica el hábitat.
Ahora, las acciones deben enfocarse en implementar medidas urgentes en las zonas quemadas para frenar los procesos erosivos actuales, controlar las posibles avenidas y favorecer la regeneración natural de la cubierta vegetal. Es prioritario proteger los cursos de agua de la contaminación de las cenizas y el suelo, y reducir los procesos erosivos.
Por ello, es importante no promover iniciativas en zonas recientemente quemadas, ya que se interferiría en las medidas urgentes de protección del suelo y en las investigaciones en terreno sobre las causas del incendio. Además, se debe apoyar a los pueblos afectados: hay que invertir en los municipios. No puede haber responsabilidades sin recursos.
En conclusión, 2025 pasará a la historia como un año negro en materia de incendios forestales en España, un recordatorio contundente de que el cambio climático y la falta de gestión activa del territorio convierten cada verano en un desafío creciente. De no tomar acciones efectivas, se volverán a repetir estos datos: 400.000 hectáreas calcinadas y más de medio centenar de incendios que han superado las 500 hectáreas en lo que va de 2025.
