
MADRID, 27 Feb. (EUROPA PRESS) – El reto de ‘la dieta de comer plástico’ se ha convertido en una tendencia viral que implica masticar alimentos envueltos en film transparente y escupirlos, con la supuesta finalidad de no engordar. Esta práctica puede tener consecuencias graves, como asfixia, irritación o incluso un bloqueo intestinal, advierte Andrea Calderón, directora del Máster en Nutrición, Composición Corporal y Metabolismo de la Universidad Europea.
Conocida internacionalmente como ‘plastic eating’, esta práctica busca engañar al cerebro y evitar la ingesta de calorías al simular «el placer sensorial» de comer sin realmente tragar los alimentos. Las personas que experimentan con esta técnica creen que pueden «bajar de peso». Sin embargo, Calderón considera que se trata de una «conducta de riesgo» y no de una estrategia nutricional efectiva. Según la nutricionista, la saciedad no depende únicamente del «acto mecánico de masticar»; es vital que «los nutrientes lleguen al tracto digestivo» para activar los mecanismos reguladores del apetito.
Hormonas como la leptina, grelina y péptidos intestinales como el GLP-1 envían señales al sistema nervioso central para controlar el hambre y la saciedad. Cuando se escupe la comida y no se digiere, estas vías no se activan adecuadamente. Así, aunque puede haber una «sensación momentánea» de saciedad, no hay una respuesta metabólica real.
Trastornos de Conducta Alimentaria
Este tipo de conductas puede distorsionar la percepción normal del hambre y están asociadas a los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). De hecho, clínicamente, esta tendencia se asemeja al comportamiento conocido como «masticar y escupir», común en personas con anorexia o bulimia. Esta práctica permite disfrutar de los sabores de los alimentos sin consumir sus calorías, lo que a menudo refuerza una relación «poco saludable con la comida», marcada por el miedo a engordar y la necesidad de control.
Calderón advierte que «normalizar estas prácticas, especialmente entre jóvenes, puede ser un indicador de alerta y facilitar el desarrollo de conductas alimentarias más problemáticas».
Riesgo de Asfixia y Microplásticos
El riesgo de esta tendencia no se limita a las alteraciones alimentarias. Si alguna de estas personas traga plástico accidentalmente, podría sufrir asfixia si se obstruyen las vías respiratorias o si el material se aspira. Si el plástico entra en el aparato digestivo, puede causar molestias, irritación o bloquear el intestino. Además, si se fragmenta, los microplásticos pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y causar reacciones inflamatorias o alteraciones metabólicas, entre otros problemas de salud.
Esta tendencia también refleja una «visión reduccionista de lo que significa comer». La alimentación implica no solo la ingesta de nutrientes, sino también la elección de alimentos, orientación en la planificación y preparación, el contexto social y el disfrute del acto de comer. Con esta práctica, la comida se convierte en algo que «hay que evitar o simular». Por lo tanto, en este «tipo de dieta» no se logra ningún aporte energético o nutricional real, lo que puede «derivar en déficits» si se mantiene a largo plazo.
Para bajar de peso de manera saludable, Calderón enfatiza la necesidad de adoptar estrategias «basadas en evidencia científica», como una alimentación equilibrada, variada y suficiente que se adapte a cada persona, junto a hábitos de vida saludables como el ejercicio físico. «La salud no se construye a través de atajos virales, sino mediante educación nutricional y una relación sana con la comida», concluyó Calderón.
