La «cultura dopamínica» instaurada por las redes sociales ha generado ciudadanos «más ansiosos» y capaces de cambiar de gobierno con la misma facilidad con que escrolean publicaciones. Esta es la revelación de Julián Kanarek, experto en comunicación política y democracia, en una entrevista con EFE.
Kanarek, conferenciante, docente y director ejecutivo de una empresa de comunicación ciudadana, ha dirigido campañas políticas en América Latina, Estados Unidos y África. Se encontraba en Washington cuando, en noviembre pasado, Donald Trump fue electo para su segundo mandato. La derrota de Kamala Harris marcó un hito: «Por primera vez en 150 años tres oficialismos seguidos perdían la reelección en Estados Unidos». Este resultado fue un catalizador que impulsó a Kanarek a escribir «Omitir intro», su segundo libro, después de haber estudiado el fenómeno desde 2022.
Democracias dopamínicas
En su análisis, Kanarek señala que hasta hace poco «15 de las últimas 21 elecciones en América Latina las habían ganado las oposiciones». Esta serie de resultados adversos para los oficialismos lo llevó a investigar qué estaba sucediendo, cruzando esta información con datos sobre comportamientos digitales. Su interés lo llevó a estudiar psicología cognitiva, mientras que refería a los trabajos de Nicholas Carr, Jonathan Haidt, Anna Lembke y Gloria Mark, quienes han demostrado que nuestros umbrales de atención son cada vez más cortos.
La clave, según Kanarek, radica en que los algoritmos de plataformas como Instagram, Facebook o TikTok están diseñados para proporcionarnos más de lo que nos gusta, activando un neurotransmisor llamado dopamina. Este mecanismo afecta nuestra forma de interactuar con la realidad, haciendo que el cerebro busque constantemente más estímulos placenteros.
«Toda esa investigación me ayudó a encontrar cuál es el mood de la época, que es la ansiedad, la aceleración y la adicción a la dopamina que despiertan las plataformas», sostiene.
Thank you, next
El título del libro de Kanarek hace referencia al botón más utilizado de Netflix, que «le ahorra a la humanidad más de 158 millones de horas de visualización al día». En su obra, analiza casos paradigmáticos como el de Perú, que tuvo seis presidentes entre 2016 y 2024. No obstante, el experto observa que fenómenos similares ocurren en Uruguay, país con una democracia muy potente, donde los oficialismos también han perdido las últimas elecciones, al igual que en Chile, donde la alternancia se ha vuelto «moneda corriente».
Kanarek menciona que este proceso empezó hace unos diez años y se aceleró significativamente en el período post pandemia. La crisis del COVID-19 disparó el consumo digital y, según una investigación propia, durante las elecciones de 2022, donde la velocidad de internet era mayor, hubo «más pulsión de cambio».
Explica que «las redes potencian las disrupciones», las cuales tienden a ser agresivas y frecuentemente se alimentan de noticias falsas. «Los ciudadanos están expuestos a entre 7.000 y 8.000 estímulos comunicacionales diarios. Para captar su atención, la política tiene que ser disruptiva», indica Kanarek, advirtiendo que esta necesidad puede, en consecuencia, disminuir la calidad del debate.
Un futuro incierto
A pesar de no tener «recetas mágicas», Kanarek considera que el asunto de las tecnologías no se trata de tecnofobia ni de tecnofilia. Observó el apagón en España, donde las tecnologías fallaron, pero «no pasó nada» y la gente logró socializar de otras maneras, concluyendo que la clave radica en un «uso responsable de la tecnología».
Además, comenta que el crítico cultural Ted Gioia ha llegado a la conclusión de que los formatos están volviendo a alargarse, lo que podría indicar que, saturados de aceleración, los ciudadanos comiencen a buscar contenidos más reflexivos. «Algunos de estos fenómenos llevados al extremo lograrán que el péndulo se mueva hacia el otro lado», concluye Kanarek, quien invita a seguir su proyecto digital «post libro» en efimero.site.
