El eurodiputado del Partido Popular Europeo (PPE), Fernando Navarrete, ha expresado su preocupación sobre las discusiones relacionadas con la posible implementación del euro digital, afirmando que estas podrían debilitar la robustez de la divisa frente a futuras crisis financieras. En su intervención durante el diálogo del ‘Anuario del Euro 2025’, Navarrete, quien también fue director de gabinete del anterior gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, subrayó que «las soluciones privadas son para mí la primera opción». Esto refleja la perspectiva de que la respuesta a los desafíos actuales podría no requerir un euro digital.
«Esto hace al euro más débil ante la siguiente crisis y ¿queremos un euro que ante la siguiente crisis sea más fuerte o más débil? Mi respuesta es no», manifestó el eurodiputado. A lo largo de su discurso, enfatizó que la fragilidad del euro podría aumentar si se prioriza la creación de un euro digital en lugar de fortalecer el sistema de pagos existente. Con 20 años de esfuerzos y inversión del Banco Central Europeo (BCE) en este sentido, considera que la iniciativa del euro digital podría implicar un retroceso.
En su análisis, Navarrete examinó la sobredependencia de operadores internacionales no europeos, indicando que muchos de estos desafíos podrían ser abordados de manera más equilibrada mediante una combinación de regulaciones y el fortalecimiento de las infraestructuras de pago ya establecidas. Propuso centrar los esfuerzos en desarrollar un euro digital «offline» para facilitar la digitalización del dinero en efectivo y asegurar la resiliencia del sistema de pagos. La opción de un euro digital en línea debería considerarse solo si las soluciones del sector privado no logran satisfacer las necesidades actuales.
Además, destacó que muchas economías avanzadas han optado por enfoques más cautelosos, priorizando la mejora de sistemas de pago instantáneos y el desarrollo de carteras digitales, antes de comprometerse a un euro digital minorista. Este enfoque sugiere que la adopción de una moneda digital de banco central debe ser vista con prudencia.
Ante la idea de que Europa debe liderar «a toda costa» la adopción de una CBDC, Navarrete propuso una reflexión sobre los principios detrás de estas decisiones. «Debemos reforzar técnica y políticamente las salvaguardias para soportar pánicos bancarios y mantener la privacidad», añadió. En su opinión, el debate actual ha comenzado a desplazar la discusión hacia dinero privado en contraposición a dinero público, advirtiendo que es esencial destinar mayores incentivos al sector privado para promover una operación a «escala paneuropea».
En resumen, la postura de Navarrete resalta la necesidad de ser cautelosos y reflexivos respecto a la adopción del euro digital, sugiriendo que otras soluciones más inmediatas y menos arriesgadas podrían ser más efectivas para abordar los problemas presentes.
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