La creciente crisis climática trae consigo conflictos por el agua y migraciones forzadas, poniendo de manifiesto la tensión entre los pueblos originarios y las grandes potencias mundiales. En este contexto, se convocará la COP30, la trigésima cumbre del clima de Naciones Unidas, que se llevará a cabo del 10 al 21 de noviembre de 2025 en Brasil. Este evento se erige como un punto de encuentro crucial donde los líderes mundiales discutirán estrategias para mitigar el calentamiento global y adaptar nuestras sociedades a sus efectos.
Un planeta de récords climáticos, hambre y riqueza obscena
La COP30 en Brasil refleja, más que nunca, las contradicciones del mundo actual. En esta cumbre, los países más pobres, que sufren las consecuencias de un clima adverso que no han generado, se encontrarán con naciones que les imponen deudas impagables. Entre estas últimas, destaca la presencia de gobiernos liderados por negacionistas climáticos o retardistas, que obstaculizan el camino hacia acuerdos significativos.
Los lobbies de las empresas más contaminantes, en especial de las grandes petroleras, constituyen la representación más numerosa.
Mientras algunos delegados llegarán a la COP30 en barco por el Amazonas, otros utilizarán aviones privados. Para unos, el cambio climático es una preocupación inherente a su modelo de negocio, que se basa en beneficios desmesurados; para otros, la prioridad es sobrevivir a la próxima ola de calor y a la crisis de los cultivos.
En este contexto, es alarmante que Estados Unidos, el país que más ha contribuido al cambio climático, se ha desvinculado del Acuerdo de París y no participará en la COP30. Este hecho genera miedo entre científicos climáticos y vergüenza entre los representantes de comunidades indígenas que claman por justicia ambiental.
Miedo por los escenarios climáticos inseguros que ya estamos viviendo y vergüenza por la ineficaz acción climática de varias décadas, que ha estado llena de buenas intenciones pero pocos resultados.
Conflictos por el agua, migraciones forzadas y fronteras cerradas
La temperatura global aumentó más de 0,4 °C durante los últimos dos años. En agosto de 2024, se registró un incremento promedio de 1,6 °C respecto a la temperatura de referencia del periodo 1880-1920. Este aumento se ha asociado a episodios de calentamiento tropical relativos al fenómeno de El Niño, aunque su magnitud ha desconcertado a muchos científicos, pues fue el doble de lo esperado para el débil episodio de El Niño que se produjo entre 2023 y 2024.
El calentamiento global causado por la reducción de los aerosoles de los barcos no desaparece cuando el clima tropical entra en su fase fría de La Niña.
Gran parte del calentamiento que hemos observado se debe a la restricción de emisiones de aerosoles establecida en 2020 por la Organización Marítima Internacional para mejorar la salud pública. Los aerosoles son pequeñas partículas que potencian el brillo de las nubes y tienen un efecto refrigerante sobre la Tierra. La disminución de estos aerosoles ha llevado a un aumento en la absorción de luz solar, lo que, a su vez, incrementa el calentamiento global.
Las proyecciones indican que, debido al deshielo, es altamente probable que la circulació meridional de retorno del Atlántico (AMOC) se detenga en los próximos 20 a 30 años, algo que no fue considerado en el último informe del IPCC. Si esto sucede, se desencadenarían problemas graves como el aumento del nivel del mar y un clima extremo, especialmente en Europa y la costa este de América del Norte.
Países pobres golpeados por un clima que casi no han provocado
Según dos estudios publicados en *Nature Climate Change* en febrero de 2025, el haber superado el umbral de 1,5 °C en 2024 puede indicar que hemos entrado en un periodo en el que el calentamiento global medio podría mantenerse en 1,5 °C durante varias décadas.
Se necesitan esfuerzos rigurosos de mitigación climática para mantener los objetivos del Acuerdo de París al alcance.
Sin embargo, hay evidencias que sugieren que el objetivo más crucial del Acuerdo, que es limitar el aumento de temperatura a 1,5 °C, parece ahora inalcanzable. Si no se toman acciones más agresivas rápidamente, el objetivo de mantener las temperaturas por debajo de 2 °C también caerá en el olvido.
En relación a la COP30, las expectativas son altas, aunque cargadas de incertidumbres científicas, sociales y políticas. Los temas centrales de esta cumbre se centran en limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C y en los compromisos de financiación climática.
Este año es crucial, pues los 195 países firmantes del Acuerdo de París deben presentar nuevas Contribuciones Nacionales (NDC), las medidas que cada país pretende adoptar para limitar el calentamiento del planeta. Cada cinco años, estas contribuciones se revisan ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y las NDC 3.0 deben ser más ambiciosas que las actuales.
En materia financiera, la COP29 en Bakú (Azerbaiyán) logró un acuerdo tardío para fijar nuevas metas de financiación climática.
Este acuerdo estipula que los países ricos aportarán, al menos, 300.000 millones de dólares anuales a los países con menos recursos hasta 2035, como parte de un compromiso más amplio que alcanza hasta 1,3 billones de dólares. Esta cifra resulta notablemente inferior a los objetivos iniciales, y ilustra cómo, cumbre tras cumbre, se retrasa la implementación de esta ayuda económica vital para las naciones más afectadas.
Negacionistas y retardistas: el freno político a la acción climática
Es esperanzador que ninguna nación haya seguido el ejemplo de Estados Unidos al abandonar el Acuerdo de París. Sin embargo, persisten incertidumbres respecto a los grandes emisores, como China e India, y preocupa la debilidad política de la Unión Europea en cuestiones medioambientales.
Las conferencias del clima, como las COP, han permitido lograr acuerdos incluso en las circunstancias más adversas. Estos encuentros representan etapas donde la problemática del cambio climático ocupa un lugar central en la agenda global, lo cual es alentador. Es imperativo negociar cada aspecto, sin cesar, por muy escasas que sean las posibilidades de alcanzar acuerdos significativos.
Hay demasiado en juego para plantear esta COP30 de Belém de otra manera.
La COP30 en Belém, Brasil, representa una oportunidad única para obtener resultados concretos y aplicables, revitalizando el Acuerdo de París y enfrentando tanto el retardismo como las desinformaciones de aquellos que niegan el cambio climático.
Cada año, estas conferencias colocan en la agenda global la preocupante realidad del calentamiento global y sus efectos devastadores, por lo que se espera que los resultados de la próxima COP30 en Brasil marquen un hito significativo en la lucha contra el cambio climático.
