
MADRID, 11 Jun. (EDIZIONES) – «Nuestra sociedad es tanatofóbica, es decir, nos crían, nos educan y hasta nos forman de espaldas a la muerte, y a esas emociones desagradables pero necesarias para elaborar la pérdida», sostiene José González, psicólogo especializado en procesos de duelo, en una entrevista con Salud Infosalus.
En su libro ‘La tristeza se cura’ (Rocaeditorial), detalla que desde la infancia se evita hablar de la muerte, enseñando a asistir a los funerales rápidamente y a compartir las condolencias de forma apresurada. Si se observa a alguien llorar, la reacción es trasladarles la necesidad de ser fuertes y dejar de llorar.
Sin embargo, el duelo es una de las experiencias humanas más universales, siendo el único animal que sabe con certeza que va a morir. «Parece que todas estas emociones están cortocircuitadas y son consideradas fallos del sistema, pero es necesario digerirlas para poder elaborarlas correctamente. Muchos duelos se cronifican porque la sociedad no permite esta digestión», subraya González, quien cuenta con más de 20 años de experiencia en el acompañamiento terapéutico de personas en situaciones de pérdida.
José González explica que en el proceso de duelo se requiere un doble mecanismo de defensa: por un lado, la conexión vital que se establece con las cosas que nos hacen sentir vivos y con esperanza; por otro, los bastones que proporcionan conexión con la tristeza, rabia, enfado o culpa del duelo, «y para esto hay menos disposición voluntaria».
«Cuando atravesamos un duelo, experimentamos un movimiento como el de un péndulo que oscila entre momentos buenos y malos. Si el péndulo se ancla en un solo momento, todo se convierte en gris y puede cronificarse la tristeza derivada de la pérdida», añade González.
Los duelos secundarios: una de las principales dificultades
El psicólogo advierte que, a menudo, la soledad que se siente tras una pérdida puede resultar más traumática que la pérdida misma. La pérdida de un ser querido puede desencadenar situaciones inesperadas, que denomina ‘duelos secundarios’, como la decepción de no recibir el apoyo que se esperaba de otros. Estas experiencias pueden ser dolorosas y complicar aún más el proceso de duelo.
Al ser cuestionado sobre los errores que cometemos al gestionar un duelo, señala la importancia de permitir que la persona exprese sus emociones. La clave está en permitir la conexión con los recuerdos y con la persona que se ha perdido. «En lugar de cambiar de tema, es mejor preguntarle sobre cómo era esa persona, compartir anécdotas y recuerdos», recomienda. Incluso, en sus sesiones, pide a los dolientes que redacten los títulos de diez capítulos de la vida de su ser querido, promoviendo así una reflexión sobre quién era.
Un trabajo de honestidad
González enfatiza que «el duelo es un trabajo en honestidad», que requiere mostrar quién era realmente la persona fallecida. «Es honesto porque se trata de un trabajo entre el doliente y los vivos; y también un trabajo introspectivo, ya que tras la muerte de alguien significativo, nuestra relación con el mundo cambia y a menudo surge el miedo y la sensación de injusticia que a veces nos acompaña», señala.
En este sentido, es crucial enfrentar la muerte directamente y comprender que la vida puede ser truncada en un instante. «Al mirar de frente a la muerte, se vive de una manera más plena y se canalizan energías en cosas verdaderamente importantes», sostiene.
También resalta que es importante permitir la tristeza porque, de lo contrario, esta puede cronificarse. «Es como un esguince mal curado que no se atiende. Estudios indican que cuando una persona se permite llorar, no suele superar los 12 minutos, pero el problema surge cuando alguien interrumpe ese proceso natural», prosigue, añadiendo que una vez que se permite llorar, se puede experimentar alivio emocional.
González observa que detrás del 62% de las consultas psicológicas se encuentran casos relacionados con ansiedad y depresión, a menudo debido a duelos mal elaborados, donde las personas no han permitido la expresión de la pérdida y la tristeza.
Finalmente, recuerda que el duelo no se limita a la pérdida de un ser querido, sino que también incluye rupturas de pareja, enfermedades, pérdida de proyectos, amistades, migraciones o incluso la muerte de una mascota. «Desde el nacimiento, los seres humanos nos enfrentamos a constantes pérdidas, y uno de los grandes errores es intentar sobreproteger a los niños, lo que les impide lidiar con la vida, donde la elaboración de estas pérdidas es esencial», concluye José González.
