Investigaciones recientes en suelos de la Mixteca Alta han revelado la existencia de grupos bacterianos dominantes, como Proteobacteria, Actinobacteria, Acidobacteria y Chloroflexi, junto con familias como Solibacteraceae y Sphingomonadaceae. Detrás de estos nombres técnicos se esconde un trabajo fundamental destinado a descomponer restos de plantas, favorecer el ciclo del carbono y nitrógeno, formar agregados de suelo más estables y facilitar que las raíces encuentren los nutrientes necesarios.
En términos sencillos, estas bacterias operan como cuadrillas invisibles que limpian, organizan y regeneran el suelo. Además, varias de estas especies contribuyen a la supresión natural de patógenos, lo que se traduce en plantas más sanas sin necesidad de recurrir continuamente a fungicidas o tratamientos químicos agresivos.
Genómica para conocer al detalle qué hace cada microbio
Para llegar a estas conclusiones, el equipo investigador aplicó técnicas de secuenciación del gen 16S rRNA, una herramienta que permite identificar las bacterias presentes y su proporción en el suelo. Con esta información, se pudo reconstruir el microbioma y prever funciones relacionadas con la fertilidad y salud del suelo.
Martínez Núñez afirma que esta metodología permite «predecir funciones metabólicas asociadas a la fertilidad del suelo, al ciclo de nutrientes y a la supresión de enfermedades». En lugar de enfocarse únicamente en los cultivos que crecen con éxito, ahora se examina también la maquinaria biológica que actúa bajo la superficie.
Hacia biofertilizantes locales y suelos más resilientes
Con el conocimiento de qué bacterias son características de los lama bordos, terrazas y valles de la Mixteca Alta, es posible diseñar bioinsumos locales que incluyan biofertilizantes y bioestimulantes adaptados a esos suelos, en lugar de productos estándar que no consideran las peculiaridades del lugar.
Para un agricultor, esto puede traducirse en reducción de gastos en fertilizantes industriales y en una mayor capacidad del suelo para retener nutrientes y agua. En una región afectada por la erosión, contar con suelos más vivos es vital para reforzar la seguridad alimentaria y mantener las economías rurales. El conocimiento sobre estos microbiomas también puede servir de guía para restaurar zonas degradadas, tomando como referencia los suelos que se conservan en mejor estado.
Modelo de integración entre ciencia y saber local
Los investigadores destacan que este avance no habría sido posible sin los sistemas agrícolas ancestrales de la Mixteca Alta. Estos campos, cultivados desde hace milenios, han funcionado como un laboratorio al aire libre. El uso de lama bordos y terrazas, el manejo de materia orgánica y las prácticas agroecológicas han creado condiciones propicias para el desarrollo de esta biodiversidad microbiana.
“Los beneficios abren oportunidades para la conservación del ecosistema y la innovación biotecnológica a partir de la diversidad genómica microbiana de Oaxaca”, concluye Martínez Núñez. En gran medida, el Geoparque se presenta como un modelo de integración entre agricultura tradicional, ecología y biotecnología.
Los pasos futuros implican el aislamiento de cepas específicas, la prueba de biofertilizantes y el ajuste de dosis y combinaciones. Sin embargo, el mensaje clave es claro: el suelo no está solo. Si se cuida adecuadamente, puede convertirse en un aliado esencial para una agricultura más sostenible y menos dependiente de productos químicos.
La nota oficial ha sido publicada en UNAM Global.
