A diferencia de las medusas con las que se las suele confundir, la carabela portuguesa (Physalia physalis) es una colonia de organismos que se localizan en los tentáculos y que cuelgan de un cuerpo que tiene forma de vela, lo que le permite flotar y desplazarse con las corrientes y los vientos. Su presencia es motivo de preocupación, puesto que su veneno puede paralizar a un pez grande y a una tortuga marina, afectando seriamente la salud de los humanos.
Recientemente, han sido vistas en las playas de San Sebastián y los expertos alertan a los ciudadanos que podrían aparecer por toda la costa del Cantábrico, por lo que se pide tener especial cuidado con ellas, evitar tocarlas y no bañarse si se avista alguna.
Si hay carabelas portuguesas, NO hay baños
La proliferación de carabelas portuguesas en playas asturianas y del País Vasco ha vuelto a disparar las alarmas por la presencia cada vez más habitual de esta especie en el Cantábrico, que puede suponer un grave riesgo para bañistas y practicantes de deportes acuáticos.
Este lunes, el Servicio de Emergencias del Principado de Asturias ha aconsejado a la población extremar las precauciones en su litoral, siguiendo el ejemplo de Vizcaya y Guipúzcoa, donde en los últimos días también han advertido sobre la presencia de estos animales. Ayuntamientos como el de San Sebastián han activado el protocolo ante su aparición masiva, después de registrarse picaduras e incluso hospitalizaciones por este motivo.
Las autoridades recomiendan evitar el contacto con estos animales y subrayan la importancia de no bañarse en zonas donde hayan sido avistados. Recuerdan que incluso en la orilla puede haber restos de tentáculos con efecto urticante, por lo que se aconseja no meterse en el agua, aunque solo se observen ejemplares muertos, ya que sus fragmentos pueden persistir hasta 24 horas flotando en el agua o sobre la arena.
En caso de contacto, aconsejan no rascar ni frotar la zona afectada, sino únicamente lavarla con agua de mar, evitando siempre el uso de agua dulce, amoniaco, orina o vinagre; y acudir inmediatamente a recibir atención médica, especialmente en el caso de niños, ancianos y alérgicos.
Carabelas portuguesas en playas donostiarras
En los últimos años, la presencia de carabelas portuguesas (Physalia physalis) en la costa cantábrica se ha vuelto cada vez más frecuente. Tradicionalmente, estos sifonóforos solían encontrarse principalmente en aguas templadas y subtropicales del Atlántico, así como en otros mares cálidos del planeta. Sin embargo, el calentamiento progresivo de las aguas está favoreciendo su desplazamiento hacia latitudes más septentrionales. Este fenómeno provoca un mayor número de avistamientos y, en ocasiones, episodios de llegada masiva que afectan tanto a los ecosistemas marinos como a las actividades recreativas.
La temperatura del agua del mar Cantábrico ha registrado, especialmente en la última década, una tendencia clara hacia valores más elevados, lo que ha favorecido la proliferación de esta especie. Recientemente, a finales de junio, el Cantábrico volvió a alcanzar máximos históricos, con temperaturas propias de finales de agosto o de septiembre. En el golfo de Vizcaya, cerca de San Sebastián, se alcanzaron 26,2 °C, mientras que en Bilbao, en Pasaia, 23,4 °C. Temperaturas extremadamente altas para esa latitud y esa época del año.
La carabela ya es común en los mares españoles
En el caso del Cantábrico se están registrando máximos históricos, y esto hace un ambiente mucho más agradable para estas carabelas, explica la bióloga Elena Mauriño, del Oceanogràfic de Valencia. Este fenómeno no es exclusivo de las costas atlánticas de España, ya que también están apareciendo en el Mediterráneo, a pesar de que no eran comunes allí.
Según explica Mauriño, aunque muchas veces se la catalogue así, en realidad la carabela portuguesa no es una medusa, sino un sifonóforo, cuyo veneno es aún más peligroso, más urticante y capaz de provocar una quemazón más intensa.
No es mortal en la mayoría de los casos, aunque siempre hay excepciones, apunta. Lo más importante es nadar lejos, no tocarlo y salir del agua, además de evitar bañarse en la zona los días siguientes, ya que en muchas ocasiones se desprenden fragmentos de tentáculos – que pueden medir entre 10 y 20 metros – y también tienen células urticantes.
Sin embargo, el calentamiento de las aguas no es el único factor que influye en su proliferación. También hay otras actividades humanas, como la sobrepesca o el vertido de contaminantes, que provocan una reducción de la biodiversidad de los grandes depredadores que se encargan de alimentarse de estos sifonóforos.
A pesar de todo, son muy importantes en la ecología y el equilibrio de los ecosistemas marinos porque regulan la cadena trófica, sirven de alimento para otros grandes depredadores y se alimentan de plancton.
Depredador voraz
El director de expediciones de la ONG Oceana, Ricardo Aguilar, explica que son los desequilibrios del ecosistema marino, especialmente los generados por las altas temperaturas del agua y la disminución de depredadores como la tortuga boba o el atún rojo, los que están detrás la proliferación de medusas y animales como la carabela portuguesa en las playas españolas durante el verano.
Estas especies pueden causar problemas serios en algunos bañistas, sobre todo los más sensibles por su estado de salud. La «picadura» que a menudo se reporta, en realidad no lo es, sino que se trata del encuentro accidental con sus tentáculos.
Las reacciones en el cuerpo humano son similares a la picadura de una abeja; dependen de la resistencia de cada persona, añade Aguilar, y pueden ocasionar «grandes daños» en personas alérgicas con un cuadro médico delicado. En el caso de las carabelas portuguesas, puede llegar a provocar la muerte si la persona tiene alergia o poca resistencia a la toxina de sus tentáculos.
Otro tipo de medusas cuyo número se ha incrementado en los últimos años son la «huevo frito» (Cotylorhiza tuberculata), la común (Aurelia aurita) y la aguamar (Rhizostoma pulmo), aunque no presentan mayor peligro porque no tienen la capacidad de perforar la piel y, por tanto, no causan infecciones ni efecto urticante.
La multiplicación de estos animales ha impulsado la difusión de aplicaciones de ciencia ciudadana del tipo MedusApp, para el reporte de avistamientos y picaduras a partir de las observaciones de los propios bañistas, cuyos datos permiten comprender mejor su distribución y supervivencia en los mares.
Es importante estar atentos a la presencia de las carabelas portuguesas, ya que su roce podría ser mortal para personas con el sistema inmunitario deprimido, problemas cardíacos y/o alérgicos. Si se avista alguna, se debe avisar a las autoridades (socorristas, policía, 112, etc.) y mantenerse alejados de ellas, así estén muertas o en la orilla.
