El packaging producido a partir de hongos es un concepto innovador que representa un avance significativo en la reducción de embalajes hechos de poliestireno expandido (EPS). Este nuevo enfoque se materializa en Bruselas, donde ha sido inaugurada la mayor fábrica de embalajes a base de hongos en Europa.
Este material ofrece múltiples beneficios para el medio ambiente:
- Menos residuos marinos.
- Reducción del 90 % de las emisiones de carbono.
- Menos energía utilizada en el proceso de producción.
Este innovador packaging tiene el potencial para reducir las preocupantes cifras de contaminación en la industria del embalaje, donde más del 50 % de los productos continúan fabricándose con plástico.
Bruselas estrena la mayor fábrica de embalajes ecológicos con hongos de Europa
Los hongos descomponen lo que muere para que todo pueda volver a nacer. Sin esa maquinaria invisible de regeneración, los ecosistemas se vendrían abajo y la vida en la Tierra tal y como la conocemos sería imposible. Este proceso natural se convierte en una metáfora industrial en Bruselas, donde el micelio, el entramado microscópico de filamentos fúngicos, inaugura un nuevo capítulo en la manufactura biodegradable, en una región antiguamente dominada por la industria del acero y la gasolina.
En la comuna bruselense de Forest, a escaso kilómetro y medio del extenso solar donde durante décadas operaron las cadenas de montaje de Volkswagen, ahora se erige un proyecto que evoca una utopía sostenible: la mayor fábrica europea de embalajes biodegradables con micomateriales.
«Los hongos crecen y nosotros les ayudamos a crecer (…). Es elegante, estético, sostenible y competitivo», declaró Julian Jacquet, fundador de PermaFungi, durante la ceremonia de inauguración de la fábrica, donde se evidenció que el sector del embalaje es el mayor consumidor de plástico a nivel mundial.
Este proyecto ha captado una inversión cercana a 3 millones de euros, con financiamiento de la Unión Europea y respaldo de plataformas de capital público de la región de Bruselas y del fondo de inversión suizo Après-demain, entre otros. Barbara Trachte, responsable de Transición Económica de la región, resumió la iniciativa diciendo: «Es la economía en la que creemos, la que transforma desechos en recursos y reduce nuestra huella ecológica».
La compañía cuenta actualmente con una plantilla de 12 personas comprometidas en convertir una idea experimental en una alternativa industrial real.
PermaFungi: paquetes de hongos
PermaFungi nació en 2014 en Bruselas como una cooperativa que cultivaba setas ostra a partir de posos de café reciclado y fabricaba diversos objetos con micomateriales, como lámparas y paneles. La cooperativa suministraba setas a restaurantes, ofrecía kits de cultivo por internet y llegó a revestir el pabellón de Bélgica en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2023 con paneles de micelio. Sin embargo, el modelo inicial no resultaba rentable, lo que llevó a sus arquitectos a reestructurar la empresa y reafirmar su compromiso con la producción sostenible.
Ahora, la compañía ha levantado un complejo industrial de 1.400 metros cuadrados, donde planea multiplicar por cien su micoproducción, utilizando 10 toneladas de residuos orgánicos secos, como serrín, virutas o paja, para producir 100 metros cúbicos de materiales al mes.
El producto estrella de PermaFungi es el embalaje, elaborado en moldes que se rellenan con residuos orgánicos inoculados con micelio, lo que permite a los hongos consumir el sustrato hasta alcanzar una consistencia similar al corcho. El proceso se detiene mediante un golpe de horno.
Aunque la idea no es nueva, esta es la primera vez que se lleva a cabo a tal escala en Europa: reemplazar el poliestireno, un plástico derivado del petróleo conocido por su bajo coste y propiedades aislantes, por un material creado a partir de desechos orgánicos y hongos.
El micomaterial se biodegrada en 41 días, en contraposición al poliestireno, que tarda más de 500 años en descomponerse, además de tener tasas de reciclaje muy bajas. Por otro lado, la producción con hongos consume poca energía y agua.
El impacto ecológico de esta transformación sería monumental, al igual que el impacto económico proyectado. Si PermaFungi lograra captar solo el 0,05 % del mercado europeo, podrían generar unos 28 millones de euros anuales. Por ahora, su objetivo es alcanzar una facturación de 3 millones de euros en tres años.
«En algunos segmentos estamos al mismo precio que el poliestireno. Para otros, ofrecemos un producto único, estético y con características superiores», afirma Jacquet.
Legislación verde y sostenible
La iniciativa de PermaFungi forma parte de una tendencia más amplia que se manifiesta con esfuerzos como Grown.bio en los Países Bajos, Biohm en el Reino Unido y Mycelium Packaging en Francia, la filial de la estadounidense Ecovative, pionera en el campo de los micomateriales.
Para establecerse como una alternativa viable, el proyecto cuenta con un entorno legislativo favorable, dado que la normativa europea proyecta la prohibición de envases no circulares para 2030. No obstante, sus fundadores esperan lograr la rentabilidad sin depender exclusivamente de tales regulaciones.
PermaFungi ha formalizado acuerdos con empresas locales y pequeñas, buscando establecer una presencia en nichos específicos del mercado. Aunque actualmente no cuenta con los recursos para atender a gigantes como Ikea o L’Oréal, Jacquet no descarta realizar ese salto en el futuro. Para culminar su relato sobre esta década de aventuras fúngicas, se enfoca en cinco principios: «Ser idealista, tomar riesgos, aprender de los errores, mantenerse firme en los momentos difíciles y disfrutar de los buenos».
