La ‘Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida’ busca llevar su mensaje a la COP30: en toda la región, millones de personas —campesinos, indígenas y trabajadoras— son desplazadas por los megaproyectos, el crimen organizado y el cambio climático. Mientras tanto, los gobiernos y las empresas se benefician de esa movilidad forzada.
Las rutas migratorias se convierten en corredores de trabajo barato y control fronterizo, pero pese al dolor, la migración también es resistencia. Llevan su lengua, memorias y formas de vida a donde vayan. En este contexto, activistas climáticos y líderes indígenas han llegado a Panamá para exponer sus ‘demandas’.
Así, más allá de la denuncia, esta caravana pide organizarse y construir colectivamente, tejiendo redes entre pueblos, movimientos y comunidades de todo el mundo.
Una caravana de activistas del clima e indígenas pide defender a la expoliada madre tierra
Activistas climáticos y líderes indígenas que llegaron a Panamá desde el sur de México en la llamada ‘Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida’, solicitaron defender a la madre tierra y los territorios del despojo y la extracción de sus bienes naturales por el capital global, que obliga, dijeron, a la migración y el desplazamiento forzado.
La caravana inició su recorrido el 4 de octubre en la comunidad de Pótam, en territorio Yaqui mexicano. Tras pasar por Guatemala, El Salvador y Honduras, se les negó el paso en Nicaragua, lo que les obligó a continuar vía aérea hacia Costa Rica y, actualmente, Panamá.
“En Nicaragua se nos fue negado el paso, nos retuvieron durante cuatro horas, nos quitaron los pasaportes sin darnos ninguna explicación, y después nos dijeron que no podíamos pasar y que nos fuéramos inmediatamente”, afirmó el ambientalista mexicano Mario Quintero, integrante de la coordinación y organización de la caravana.
Planean seguir su recorrido hacia el sur, a Colombia, Ecuador y Brasil, para desafiar y llevar su mensaje a la COP30 (Conferencia de las Partes) sobre Cambio Climático, que tendrá lugar en la ciudad de Belém, en la Amazonía brasileña, del 10 al 21 de noviembre.
Las organizaciones indígenas y colectivos ambientales de esta acción conjunta señalan que la caravana es un grito de unidad, resistencia y esperanza ante una sociedad indiferente, un futuro en riesgo y un presente en crisis, y que en Belém llevarán su protesta contra todos los poderes que despojan y destruyen nuestras tierras y pueblos.
La expedición surgió del ‘Encuentro Global por el Clima y la Vida’ (AntiCOP) desarrollado en Oaxaca, México, el pasado noviembre, convocada y organizada por organizaciones sociales del Sur Global.
Cuatro pilares del colapso
En la cita de Oaxaca, más de 45 pueblos originarios de los cinco continentes, junto a comunidades campesinas, organizaciones sociales y defensores del territorio, conceptualizaron lo que llaman cuatro pilares del colapso a la que está sometida la región: megaproyectos y militarización; migración y desplazamiento forzado; monetarización y mercantilización de la vida; y crisis global del agua.
De ese diálogo profundo nace la reflexión colectiva sobre esos cuatro pilares: un intento de ponerle nombre a lo que sentimos y vivimos día a día. El desgaste de un sistema que está destruyendo la vida en todas sus formas, pero también la fuerza que surge desde abajo, desde los territorios, para construir otra forma de existir, afirmó Quintero.
“Como ‘Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida’, entendemos que el colapso no es solo un desastre natural económico, es el resultado de un modelo civilizatorio basado en el despojo, el racismo, el patriarcado y el extractivismo. Pero también creemos que en medio del colapso nacen las semillas de la transición”, añadió Quintero.
“El despojo nos empuja a movernos. Muchas y muchos ya no migran por elección, sino por expulsión. La tierra se seca, los ríos se envenenan, los empleos desaparecen, la violencia crece”, expresó.
Así, en toda la región millones de personas, campesinos, indígenas y trabajadoras son desplazadas por los megaproyectos, el crimen organizado y el cambio climático. Mientras tanto, los gobiernos y las empresas se benefician de esa movilidad forzada.
“Las rutas migratorias se convierten en corredores de trabajo barato y control fronterizo, pero pese al dolor, la migración también es resistencia. Llevamos nuestra lengua, nuestras memorias y nuestras formas de vida a donde vayamos”, continuó.
Así, más allá de la denuncia, esta caravana pide organizarse y construir colectivamente, tejiendo redes entre pueblos, movimientos y comunidades de todo el mundo.
