
MADRID, 7 Abr. (EDIZIONES) – Beber alcohol y esperar unas horas para conducir, pensar que el cannabis mejora la concentración, o creer que un café puede bajar la alcoholemia son algunos de los mitos más extendidos entre los conductores. Sin embargo, la evidencia científica desmonta muchas de estas creencias y advierte de sus riesgos.
Casi la mitad de los conductores fallecidos en accidentes de tráfico presentaban alcohol, drogas o psicofármacos en su organismo, según datos del Instituto Nacional de Toxicología. Así, los expertos en medicina del tráfico recuerdan que consumir sustancias y ponerse al volante es incompatible con una conducción segura, y explican por qué estos falsos mitos pueden tener consecuencias mortales.
Según los datos ofrecidos por el Instituto de Toxicología de 2024, en víctimas mortales de accidentes de tráfico, un 48,2% tuvieron un resultado toxicológico positivo, y en 2023 y 2022, el porcentaje de positivos superó al de negativos.
De este 48,2%, el 71,2% dio positivo en alcohol; un 34,1% en drogas (cocaína y cannabis fundamentalmente); otro 23,7% en psicofármacos; y además un 88,1% de todas las drogas correspondía a la asociación de alcohol y cocaína en la mitad de los casos (54,2%), de alcohol y cannabis en un 18,5% de los casos, y de alcohol, cocaína y cannabis en el 15,5%,» explicó en una entrevista con Salud el experto en medicina del tráfico Enrique Mirabet, exrepresentante de la extinta Sociedad Española de Medicina del Tráfico (SEMT) y actual asesor médico de la Fundación INVESPRO.
Incompatibilidad entre alcohol, cannabis y conducción segura
En su opinión, es fundamental dejar claro que beber, consumir y conducir con seguridad es algo «incompatible». «Si se bebe y se consume, no se debe conducir, sin tratar de predecir si estaré por encima o por debajo del límite legal después de dos o tres horas. En cualquier caso, determinar si se ha eliminado el alcohol consumido dependerá principalmente del tipo de bebida (por su grado de alcohol) y de la cantidad que se haya consumido,» advierte este especialista.
Otro mito muy extendido respecto al consumo de drogas al volante es que algunas personas creen que están más alertas o concentradas después de consumir cannabis, lo cual es «peligroso» porque, según la evidencia científica, una concentración de THC en sangre de 2,0 ng/ml es equivalente a una alcoholemia de 0,5 g/l, una «cantidad a partir de la cual hay una manifiesta y probada afectación de las capacidades y deficiencias en tareas de conducción».
Además, una concentración de THC en sangre de 2,0-5,0 ng/ml representa un deterioro en el 70% de las capacidades, mientras que una cantidad superior a 30,0 ng/ml implica un deterioro del 100% de las capacidades.
En pruebas de laboratorio se han registrado concentraciones de THC en sangre a los 3 minutos de fumar un cigarrillo de marihuana (13,5 mg). «Cuando un conductor está ‘fumado’, hay una clara alteración de sus capacidades para la conducción. Además, es muy difícil determinar cuándo dicho conductor puede recuperar unas condiciones óptimas para la conducción porque, nadie sabe qué cantidad de THC hay en lo que vulgarmente se denomina ‘un porro’,» enfatiza este experto.
A su vez, Mirabet advierte que, aunque hay afirmaciones en sentido contrario, el consumo de drogas en la conducción puede verse influenciado por otros factores, como la combinación de diferentes sustancias, incluidos ciertos medicamentos.
Duración de las sustancias en la sangre
Muchos creen que si consumen drogas un día antes, ya no habrá problema para conducir. Este experto señala que las pruebas de drogas realizadas a conductores se basan en estudios científicos y son fiables. Aclara que las pruebas realizadas en fluido oral (muestra de saliva) presentan una alta concordancia con las de esa misma sustancia en sangre.
«Todo depende en gran medida de la cantidad de sustancia consumida. En el caso del cannabis, la cantidad es desconocida incluso para el propio consumidor, pues, a diferencia del alcohol, que es una sustancia reglada, nadie sabe la concentración de THC en un porro. Lo principal es tener claro que consumir y conducir es incompatible. Si alguien ha consumido, no debe conducir,» reitera.
Existen quienes creen que trucos como beber café, ducharse, beber agua o comer algo pueden ayudar a eliminar antes el alcohol del organismo. ¿Tiene esto alguna base científica? Mirabet esclarece la duda rápidamente:
«El alcohol tiene un ciclo de metabolización y eliminación donde intervienen enzimas como la ‘alcoholdeshidrogenasa’, y este ciclo cumple ineludiblemente sus tiempos. Lo que se plantea (cafés, duchas, etc.) puede enmascarar ciertos efectos puntualmente, pero realmente se trata de un enmascaramiento esporádico de efectos negativos sobre la conducción. Puede resultar contraproducente, porque produce una falsa impresión de seguridad en la conducción,» explica el experto.
Efectos de las drogas en la conducción
Finalmente, Mirabet destaca que no todas las drogas tienen los mismos efectos ni se manifiestan de la misma manera. «Principalmente hay tres tipos de sustancias: depresoras (alcohol, benzodiazepinas, barbitúricos, opiáceos, disolventes), estimulantes (cocaína, anfetaminas) y psicomiméticas (alucinógenos como cannabis, ketamina, fenciclidina, entre otros),» detalla.
Todas ellas interfieren «sin ninguna duda» en la conducción, al alterar las capacidades. «Los efectos depresores pueden incluir la pérdida de atención, descoordinación o somnolencia; los estimulantes pueden llevar a agresividad y alteración del umbral de riesgo; y los psicomiméticos pueden provocar alucinaciones y alteraciones de la percepción,» relata, enfatizando que el consumo de sustancias también conlleva afectaciones graves a nivel neurológico, cardiovascular y respiratorio, que pueden influir en la siniestralidad.
Uno de los errores más comunes entre los conductores es esperar que basta con unas pocas horas después de consumir alcohol para poder conducir de manera segura. Los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) desmienten esta percepción: el hígado elimina el alcohol a una velocidad constante de entre 0,10 y 0,15 gramos por litro de sangre a la hora, un ritmo que no se puede acelerar ni con café, agua ni con ningún otro método.
Una persona con una tasa de alcoholemia de 1 g/l puede necesitar entre seis y diez horas para reducirla por debajo del límite legal permitido.
El mito de las tres horas
Los tiempos varían según la cantidad consumida, la persona y la sustancia consumida, pero siempre son mayores de lo que la mayoría estima. Según datos del Ministerio de Sanidad recogidos por el Real Automóvil Club de España (RACE), una cerveza o una copa de vino puede tardar entre dos y tres horas en eliminarse; dos copas pueden requerir más de seis; y una noche de mezclas de distintos tipos de alcohol puede necesitar más de doce horas para que el organismo lo procese completamente.
«La única tasa realmente segura es 0,0 g/l», recuerda la DGT
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