El director del Festival Internacional de Cine bajo la Luna de Islantilla, Esteban Magaz, ha llevado a cabo una gestión que ha permitido a este evento festivalero celebrar su 18ª edición, consolidándose como un referente clave para la cultura en la costa de Huelva.
El festival comenzó hace 18 años como una muestra de cortometrajes provenientes del extinto Festival de Cine Inédito. Hoy en día, se ha transformado no solo en una cita que identifica a Islantilla, sino también en el festival de cine más largo de España, con proyecciones que comienzan el primer sábado de julio y concluyen el último sábado de agosto.
En una entrevista reciente, Esteban Magaz subrayó que el secreto para la continuidad del festival radica en el apoyo incondicional de los espectadores que asisten cada verano a disfrutar de las proyecciones. Este apoyo es gratuito, lo que promueve un acceso masivo y sin contraprestación económica para el público. «La industria respalda el festival con muchísimo cine que llega cada año», destacó Magaz.
Cine de todo el momento
Este año, el festival recibió un total de 1.225 películas de cineastas de 45 países, abarcando obras de todos los continentes. El premio principal fue otorgado a Paco Ortiz por su documental «Antonio, el bailarín de España». Esta diversidad en la selección audiovisual refleja la capacidad del festival para atraer talento internacional, lo que ha contribuido a su consolidación como un evento indispensable en la agenda cultural de la región.
Con el paso del tiempo, el director del festival ha planteado la necesidad de mirar hacia el futuro. «Una vez cumplida la mayoría de edad en esta edición, es fundamental tener en cuenta este hito como un antes y un después, con la intención de seguir creciendo hacia nuevas direcciones», explicó Magaz.
En este sentido, ha comenzado a delinear ideas para futuras ediciones, incluyendo un espacio dedicado a la formación y el networking entre cineastas y productores. «En Islantilla han nacido películas y se han realizado negocios en torno a este festival, lo que lo convierte en un punto de encuentro relevante para la industria cinematográfica», afirmó.
Magaz también recordó la película «Adú», de Salvador Calvo, como un ejemplo de cómo las reuniones en Islantilla han generado proyectos cinematográficos. «Mi objetivo es activar un encuentro real de la industria aquí, en Islantilla, pues puede ser un excelente punto en común», añadió. Asimismo, enfatizó que aunque el festival es un lugar de encuentro global, «si es de cine andaluz, mucho mejor», ya que toda actividad relacionada con el sector debe contribuir a generar industria y fomentar el negocio en torno al cine.
De una muestra de cortos a una referencia internacional
El director del festival no olvida los humildes comienzos de lo que hoy es un referente internacional, iniciado como una pequeña muestra de cortometrajes que buscaba dar valor a las producciones seleccionadas. Con el tiempo, el festival creció y se expandió, abriendo sus puertas a la competencia internacional. «A partir de la cuarta edición, adoptamos el nombre de Festival Internacional de Cine bajo la Luna, donde los largometrajes y cortometrajes se convirtieron en los protagonistas», recordó Magaz.
La pregunta que queda en el aire es si el festival tiene un límite en su expansión. Magaz opina que «de momento, no se le ha encontrado», y asegura que cada año «crece un poco más». Por lo tanto, exhorta a seguir evolucionando en todas las áreas: económica, social y cultural. «El festival se está convirtiendo en una herramienta muy valiosa y muy demandada», concluye el director.
