
MADRID, 3 de junio de 2026 – La periodista Amy Wallace ha presentado hoy ‘La chica de nadie’ (Editorial Planeta), las memorias póstumas de Virginia Roberts Giuffre, quien denunció la red de trata dirigida por el empresario estadounidense Jeffrey Epstein y su expareja Ghislaine Maxwell. A través de esta obra, Giuffre expone los abusos de poder y la influencia que ejercían estas figuras en diversos sectores de la sociedad.
Wallace resalta que «el libro lleva a los lectores al interior de las mansiones y a bordo de los jets privados que llegaban a la isla [de Epstein]. Los adentra en la red de tráfico sexual, mostrándoles cómo es y qué se siente al ser una adolescente atrapada». En una entrevista, la periodista ha destacado que los abusos sexuales son un «problema mundial».
A través del testimonio en primera persona de Virginia, se acerca a “la gente de a pie” una visión de cómo funcionaba el entramado que dirigía Epstein, con el fin de «ayudar a otras víctimas», según Wallace. La autora señala que «hay algunos hombres cuyos nombres no se mencionan y ella explica en el libro por qué. Pero, de alguna manera, uno realmente se da cuenta de todos los diferentes mundos en los que Epstein se infiltró», haciendo referencia a sectores como universidades, empresas, el cine y el modelaje.
“El legado más valioso de Virginia es ayudar a cualquier víctima de abuso sexual a sentir menos vergüenza”, dice Wallace, quien observa una acogida universal de la historia de Virginia. «El libro está conectando con gente de todo el mundo y de diferentes culturas porque este es el delito original», remarcó, haciendo un llamamiento: “Si hay alguien ahí fuera que se sienta indignado por lo que está leyendo, que alce la voz, porque lo que Virginia nos enseña es que una sola persona puede marcar la diferencia, una sola persona valiente».
Virginia, bajo la coerción de Epstein y Maxwell
Virginia creció en Florida, en una familia marcada por el alcoholismo, y sufrió sus primeros abusos en la niñez. Esto la convirtió en la ‘candidata perfecta’ para ser receptora de las redes de Maxwell cuando apenas tenía 17 años. A partir de allí, fue explotada sexualmente durante más de dos años por empresarios, políticos y otras figuras de renombre, incluido el entonces príncipe Andrés de Inglaterra, a quien denunció públicamente.
En sus memorias, Virginia revela que no usaron «ni cerraduras ni barrotes» para someterla, sino «el dinero, la manipulación y décadas de heridas que sabían cómo explotar». Wallace también subraya esta coerción, explicando que “mucha gente piensa que la trata con fines sexuales consiste en estar retenido en una habitación, encadenado a un radiador o inmovilizado físicamente. Pero no hace falta estar inmovilizado para ser víctima de la trata; no hace falta ser un niño, se puede ser adulto”.
La respuesta de la Casa Real Británica, «dura» pero tardía
Virginia, que finalizó su vida hace casi un año, realizó sus primeras denuncias formales en 2015 y fundó la asociación ‘Speak Out, Act, Reclaim’ para ofrecer un espacio seguro a otras víctimas. Sus memorias surgen poco después de la publicación de los ‘Papeles de Epstein’, más de tres millones de páginas con textos, videos e imágenes que documentan las acciones del empresario y sus colaboradores.
En cuanto al impacto de las memorias, Amy Wallace sostiene que ya ha tenido “repercusiones legales y políticas”, incluso antes de su lanzamiento. “El príncipe Andrés ya no es príncipe”, indicó. Este fue señalado como uno de los principales agresores de Virginia, quien preservó una fotografía con él y Maxwell como evidencia. A pesar de que él negó las acusaciones, fue despojado de sus títulos y, en febrero de este año, fue detenido en su hogar en Sandringham (Inglaterra) por sospechas de mala conducta en un cargo público.
Wallace opina que la Casa Real británica ha sido “bastante dura”, aunque cuestiona el tiempo que tardaron en reaccionar. “Por fin están donde deben estar, pero podrían haberlo hecho antes con la misma cantidad de información”, subrayó. Sin embargo, también destacó el impacto de la historia de Virginia a nivel público, donde se plantearon preguntas sobre la necesidad de una monarquía si un miembro de la familia real estaba violando a niñas menores de edad.
En medio de este contexto, otros países han comenzado a investigar la red que extendía sus tentáculos por todo el mundo. Según Amy Wallace, «acaban de anunciar que hay 10 nuevas víctimas en Francia, y hay periodistas en Brasil trabajando en ello porque Epstein traía a chicas de Brasil en avión a Estados Unidos».
La coautora critica que, mientras se han producido muchas reacciones globalmente, en Estados Unidos no se han llevado a cabo numerosas investigaciones ni iniciado muchos procesos judiciales, al menos a nivel federal. La excepción ha sido la llamada «comisión de la verdad», iniciada en el Estado de Nuevo México para averiguar qué ocurría en el rancho de Epstein.
