El catedrático emérito de Sanidad Animal de la Universidad de Zaragoza (Unizar), Juan José Badiola, ha advertido sobre la peligrosidad del hantavirus, un virus con alta letalidad en los casos más graves. Sin embargo, ha descartado peligrosamente un riesgo de pandemia en este momento: «Eso no se ve, yo no lo veo de una manera directa ni muchísimo menos». Estas afirmaciones surgen en un contexto de creciente preocupación por un crucero de lujo afectado por este virus, que ha causado ya la muerte de tres personas.
El buque salió de Ushuaia, Argentina, el pasado 20 de marzo, y actualmente se encuentra fondeando en Cabo Verde. Su destino final era Canarias, aunque España aún no ha aceptado la escala a la espera de conocer los datos epidemiológicos del país africano.
Badiola explicó que el hantavirus no es un virus único, sino un conjunto de virus de la familia ‘antaviride’ y ‘bunyavirus’, ya bien conocidos por su alta capacidad de infección y mutación. Antes del incidente del barco, la Organización Mundial de la Salud ya había puesto en la mira este virus, reconociendo la necesidad de precaución. Este virus en particular fue descubierto en Corea del Sur, y ha ocasionado brotes en diversos lugares, principalmente en Estados Unidos, Argentina, Chile y algunos países asiáticos como Taiwán.
Novedad: Transmisión entre personas
Una novedad sobre el caso del crucero es que esta variante, denominada «variante de los Andes», tiene la propiedad poco común de permitir la transmisión de persona a persona, algo que se cree que ha ocurrido en este ferry.
Badiola formuló una hipótesis sobre el origen de esta transmisión: «Yo creo que lo que ha ocurrido, pero puedo estar equivocado evidentemente, es que una persona, en una excursión en un lugar con presencia de roedores, pudo haber tomado contacto con el virus, se infectó y regresó al barco», afirmó. Esto agravó la situación, ya que el periodo de incubación del virus puede llegar a las tres o cuatro semanas, lo que significa que los contagios pueden haberse producido ya en alta mar.
El hantavirus se transmite principalmente a través de las heces, la orina o la saliva de ciertos roedores, especialmente de algunas especies de ratones y ratas, posibilitando el contagio a humanos mediante aerosoles en áreas donde hay concentración de estos desechos, de una forma similar a como ocurrió con el covid-19.
Puede llegar a ser grave
El catedrático alertó que el hantavirus provoca inicialmente una enfermedad con síntomas parecidos a la gripe, como fiebre, malestar o dolores musculares. No obstante, la evolución de la enfermedad puede dar lugar a dos síndromes muy preocupantes: el síndrome cardiopulmonar y el síndrome hemorrágico y febril, ambos capaces de producir una enfermedad grave que puede ser mortal en hasta el 38% de los casos, según datos del Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos. La gravedad del contagio también depende del estado de salud del individuo y de cómo se haya producido la transmisión.
Las víctimas de hantavirus requieren atención en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). El síndrome respiratorio puede causar encharcamiento pulmonar, mientras que el otro síndrome genera considerables lesiones vasculares, hemorragias internas y, en ocasiones, fallos renales, pudiendo requerir diálisis para la supervivencia. Esta complejidad ha resultado en la muerte de tres pasajeros en alta mar, quienes no tuvieron acceso a una UCI y, lamentablemente, uno de los infectados era el médico del barco, dejándolos sin asistencia sanitaria.
El aislamiento de los pasajeros, imprescindible
Badiola considera que sería «una buena noticia» que el barco pudiera hacer escala en Canarias, ya que los pasajeros se encuentran actualmente confinados en sus camarotes «con una enorme desazón y preocupación porque no saben qué va a ser de ellos».
Si esto ocurre, las autoridades sanitarias canarias se verían obligadas a mantener el aislamiento de los pasajeros, puesto que incluso los aparentemente sanos podrían estar infectados debido al prolongado periodo de incubación, que puede durar hasta nueve semanas. Otra posibilidad contemplada sería habilitar una instalación especial para su alojamiento, aunque esto dependerá de decisiones gubernamentales y de los protocolos establecidos.
Badiola enfatizó la importancia de proteger a la población canaria si el buque arribara a las islas, argumentando que permitir el contacto entre los pasajeros y el resto de la comunidad sería «una irresponsabilidad absoluta». De suceder, los afectados tendrían la tranquilidad de contar con un hospital bien equipado cerca, a diferencia de la remota posibilidad de recibir atención médica en medio del océano Atlántico.
Mientras tanto, las autoridades del crucero han decidido confinar a los pasajeros en sus camarotes, manteniendo cualquier espacio común fuera de su alcance como «la única manera de romper la cadena de transmisión». En su mensaje final, Badiola subrayó: «Esas personas tienen que seguir confinadas. Sé que es desagradable para ellos, pero no tienen más remedio que permanecer así hasta que las autoridades sanitarias del Gobierno de Canarias determinen que el riesgo ha concluido».
