MADRID, 30 Abr. – El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener inalterados los tipos de interés, a pesar de los efectos de la crisis en Irán y el consecuente aumento de los precios de la energía, afectando así la inflación en la eurozona. La tasa de depósito (DFR) permanecerá en el 2%, la de las operaciones de refinanciación (MRO) en el 2,15% y la de la facilidad marginal de préstamo (MLF) en el 2,40%.
En un comunicado, el BCE subrayó que «la guerra en Oriente Próximo ha dado lugar a un acusado incremento de los precios de la energía, impulsando la inflación y afectando al clima económico». La entidad enfatiza que las implicaciones para la inflación a medio y largo plazo, así como para la actividad económica, dependerán de la intensidad y duración de la crisis energética y de sus efectos indirectos.
La entidad advirtió que «cuanto más tiempo dure la guerra y los precios de la energía se mantengan en niveles elevados, más fuerte será el posible impacto en la inflación general y en la economía». Además, reconoció que los riesgos al alza para la inflación y los riesgos a la baja para el crecimiento se han intensificado.
El Consejo de Gobierno del BCE ha indicado que está bien posicionado para gestionar la actual incertidumbre, ya que la zona euro ha lidiado con este periodo de aumento de precios energéticos con una inflación cercana al objetivo del 2%. Asimismo, la economía ha mostrado capacidad de resistencia en los últimos trimestres.
Respecto a las expectativas de inflación, el BCE ha señalado que a largo plazo siguen ancladas, aunque las proyecciones para horizontes más cortos «han aumentado significativamente». Esto implica que el BCE llevará a cabo un seguimiento exhaustivo de la situación y utilizará un enfoque basado en datos, tomando decisiones en cada reunión para ajustar la política monetaria según sea necesario.
Por ello, el BCE ha reafirmado su disposición para modificar todos sus instrumentos en el marco de su mandato, asegurando que la inflación se mantenga en el objetivo del 2% a medio plazo y preservando la eficacia de la transmisión de la política monetaria.
A pesar de las expectativas de los mercados, el BCE ha optado por mantenerse en espera después de haber detenido en junio de 2025 el ciclo de flexibilización de su política monetaria. Este escenario ocurre a pesar del repunte de la tasa de inflación al 3% en abril y el debilitamiento del crecimiento económico, que se encontró en un modesto 0,1% en el primer trimestre, acercándose a una situación de estanflación.
La cautela del BCE se alinea con la de otros grandes bancos centrales. Recientemente, el Banco de Inglaterra decidió no modificar su tasa de referencia, fijada en el 3,75%, mientras que la Reserva Federal de los Estados Unidos optó por mantener el precio del dinero en un rango objetivo del 3,50% al 3,75%. A su vez, el Banco de Japón también mantuvo su tasa de referencia en «el entorno del 0,75%».
