MADRID, 21 Abr. (EDIZIONES) – Durante años, el síndrome de Dravet —una enfermedad rara, grave y sin tratamiento efectivo que afecta a cientos de niños en España— ha obligado a centrarse únicamente en controlar las crisis epilépticas devastadoras. Ahora, un cambio de paradigma comienza a tomar forma: una nueva terapia experimental llamada ‘zorevunersen’ no solo reduce las crisis epilépticas, sino que, al actuar directamente sobre la causa genética de la enfermedad, podría también mejorar otros síntomas asociados.
Los primeros resultados, orientados a evaluar la seguridad del fármaco, también señalan mejoras en el desarrollo cognitivo, en el lenguaje y en la movilidad de estos pacientes, algo hasta ahora inalcanzable. La primera fase del ensayo clínico se llevó a cabo en Estados Unidos y Reino Unido y fue publicada en la prestigiosa revista científica New England Journal of Medicine.
En la siguiente fase de los ensayos clínicos, la Unión Europea también entra en juego, donde desde mediados de marzo se ha iniciado un ensayo clínico en fase tres. Se han designado seis países, entre ellos España, que ya está reclutando los primeros pacientes para este estudio, cuyo final está previsto para septiembre de 2028.
La comunidad científica habla de un avance «histórico» que podría transformar el futuro de estos pacientes, aunque aún quedan pasos clave para confirmar su eficacia y seguridad. En concreto, a España le corresponden 4 pacientes de los 20 designados para el continente europeo, y los centros escogidos son la Clínica Universidad de Navarra, el Hospital Blua Sanitas y el Hospital Ruber Internacional.
¿Qué es el síndrome de Dravet?
El síndrome de Dravet es una enfermedad minoritaria con una incidencia de 1/15.000-20.000 pacientes, según datos de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP). La mortalidad en torno a esta enfermedad se estima en un 17%.
«Se estima que en España puede haber unos 450-500 niños afectados por el síndrome de Dravet, una enfermedad rara, grave, crónica y sin tratamiento efectivo. Se manifiesta como una encefalopatía epiléptica que se inicia en el primer año de vida, entre los 4 y 8 meses, con crisis epilépticas prolongadas y asociadas a fiebre. La causa es una alteración en el gen SCN1A en el 85-90% de los casos», explica esta entidad científica.
La neuropediatra Rocío Sánchez-Carpintero, expresidenta de la SENEP y responsable del ensayo clínico en la Clínica Universidad de Navarra, indica que el síndrome de Dravet se clasifica dentro de las encefalopatías epilépticas y del neurodesarrollo. Su origen es genético y provoca, por un lado, una epilepsia grave, y por otro una discapacidad intelectual, problemas de conducta y motores.
La media de edad del diagnóstico ha bajado de 4 a 2 años en los últimos tiempos, un periodo que se ha reducido gracias a los avances en genética y a un mayor conocimiento sobre la enfermedad.
Un cambio de paradigma
El neurólogo experto en epilepsia Ángel Aledo, responsable del ensayo clínico con ‘zorevunersen’ en el Hospital Blua Sanitas de Madrid, comenta que hasta ahora solo se habían dispuesto tratamientos dirigidos al control de las crisis epilépticas, sin que los problemas de neurodesarrollo en los pacientes, que incluyen dificultades en la cognición, el lenguaje y el movimiento, mejoraran.
«Gracias a las últimas investigaciones se han desarrollado tratamientos que no solo focan en la epilepsia, sino que intentan modificar la expresión del gen, la raíz del problema, y buscan abordar también las otras manifestaciones de la enfermedad, como las alteraciones cognitivas, motoras y de conducta. Existen más de 10 proyectos de terapia al respecto», añade la neuropediatra Sánchez-Carpintero.
Recientemente, tuvo lugar en Madrid un encuentro europeo de expertos en el síndrome de Dravet, organizado por la Fundación Síndrome de Dravet España, donde se discutieron los avances logrados en los últimos cinco años y se presentaron investigaciones sobre nuevas aproximaciones para tratar la causa de la enfermedad, así como los ensayos clínicos en marcha y los datos publicados hasta la fecha.
«Varias de estas aproximaciones se encuentran en fases 1 y 2 de investigación clínica y están centradas en evaluar su seguridad, mientras que ‘zorevunersen’ está ya en ensayos en fase 3, con el objetivo de demostrar su eficacia y facilitar su aprobación por parte de agencias reguladoras, para contar con un nuevo tratamiento para el síndrome de Dravet», detalla la expresidenta de la SENEP.
¿Cómo funciona este tratamiento?
Según explica esta experta, el gen SCN1A tiene dos copias: una sana y otra que no produce suficiente proteína. «La proteína sana regula la producción de esta proteína, de modo que no se produzca en exceso. Lo que hace este tratamiento es eludir la información que regula la producción de proteína para incrementar su producción, compensando así la que no produce el alelo enfermo en los niños con Dravet. La idea es que logre producir suficientes canales de sodio para modificar el curso de la enfermedad», subraya.
Los resultados obtenidos hasta la fecha con esta nueva terapia en ensayo clínico han demostrado una reducción significativa de las crisis epilépticas, así como una mejora en el desarrollo psicomotor de los menores afectados por la enfermedad.
Ángel Aledo destaca que es el primer tratamiento dirigido a corregir la causa genética del síndrome de Dravet. En fases previas, se ha observado que los pacientes no solo mejoraban en la epilepsia, sino también que podían hablar mejor, moverse con más facilidad y aprender más.
Este experto espera que el ensayo clínico con ‘zorevunersen’ sirva como «primer paso» para la aplicación del fármaco en más pacientes, si los resultados se confirman «tan positivos como parece», y permitir que las personas con síndrome de Dravet y sus familias continúen mejorando significativamente su calidad de vida. «Esto es algo histórico para toda la comunidad de familias, médicos e investigadores que nos dedicamos al cuidado de pacientes con encefalopatías epilépticas del desarrollo como el síndrome de Dravet», celebra el doctor Aledo.
Concretamente, ‘zorevunersen’ se inyecta vía punción lumbar cada cuatro meses a los pacientes. «Se les duerme para aplicar el medicamento y a las pocas horas pueden regresar a casa», concluye.
