Un proyecto español podría redefinir nuestra comprensión de las fases iniciales del Alzheimer. La profesora Maite Solas, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra (Pamplona), ha obtenido una prestigiosa ERC Consolidator Grant para impulsar ‘HyperAstroMet’, una investigación pionera que se centra en un aspecto poco explorado: cómo el metabolismo de la glucosa en el cerebro, y en particular en los astrocitos, podría ser uno de los detonantes más tempranos de la enfermedad.
Frente a la perspectiva clásica centrada en las proteínas beta amiloide y tau, este enfoque sugiere que un «fallo energético» previo, silencioso y difícil de detectar, podría desencadenar la cascada neurodegenerativa. El proyecto tiene como objetivo abrir nuevas vías terapéuticas y anticiparse al Alzheimer antes de que se presenten los primeros síntomas clínicos.
La profesora Solas señala: «La neurona es la célula que más se ha estudiado en la historia y, al final, es la que muere con el Alzheimer. Este proyecto puede representar un cambio de paradigma porque existen otras células que podrían explicar las causas de la enfermedad. Por eso queremos mirar la energética cerebral y, quizás, de forma sinérgica, lleguemos a una combinación de fármacos eficaz para estos pacientes», explica en una entrevista con Salud Infosalus.
El metabolismo cerebral y el Alzheimer
«El cerebro utiliza la glucosa como su principal fuente de energía. Además, es un tejido muy activo, y para que las neuronas funcionen correctamente necesitan mucha energía, para lo cual utilizan la glucosa. Este órgano, que representa aproximadamente el 2% de nuestro peso corporal, consume hasta un 25% de la glucosa que ingerimos. Es altamente demandante en glucosa, ya que esta le proporciona energía de manera rápida, necesaria para las conexiones entre neuronas», resalta Maite Solas.
Con esta investigación, busca demostrar cómo en las etapas tempranas de la enfermedad de Alzheimer se altera el metabolismo de la glucosa. «La novedad es que hasta ahora se creía que la glucosa apenas intervenía en el desarrollo del Alzheimer y postulamos que, en concreto, un tipo celular cerebral puede usarla en exceso: los astrocitos, favoreciendo la neurodegeneración», enfatiza.
Este estudio se fundamenta en los astrocitos, células de la glía que, hasta hace 30 o 40 años, se pensaban solo como soporte para las neuronas. Hoy se reconoce que desempeñan una función crucial en el control del estado energético del cerebro.
El proyecto plantea que, en las fases más iniciales de la enfermedad, los astrocitos podrían experimentar una alteración que los lleva a un funcionamiento metabólico desregulado. Para satisfacer una creciente demanda energética, estas células comienzan a consumir más glucosa de lo habitual, lo que desencadenaría daños progresivos en el tejido cerebral. Todo esto ocurriría incluso antes de que las neuronas empiecen a deteriorarse, destaca Solas.
Un cambio de paradigma
Muchos estudios que intentan desentrañar el origen del Alzheimer se enfocan en proteínas como la beta amiloide o tau, cuyos depósitos anormales en el cerebro han sido vinculados a la neurodegeneración. Sin embargo, dado los escasos avances en esta área, el metabolismo cerebral está comenzando a ser un nuevo foco de interés científico, como comenta la experta de la Universidad de Navarra.
Sin embargo, Maite Solas subraya que no descarta estas proteínas en la ecuación, ya que considera que todas podrían estar interrelacionadas en el inicio de la enfermedad neurodegenerativa. «De hecho, las vacunas desarrolladas contra el Alzheimer han mostrado cierta eficacia en la proteína beta amiloide. El estudio no las excluye, sino que propone un punto innovador: que esa alteración metabólica ocurra antes de que estas proteínas sean detectables. Eso no significa que no estén presentes», añade.
Ella sugiere que el mensaje para que los astrocitos detecten una mayor necesidad de energía podría derivarse de un exceso de estas proteínas, que envían señales aberrantes al tejido cerebral. «Tau y beta amiloide pueden formarse en exceso, enviando señales al astrocito sobre la necesidad de mayor energía, lo que provoca un consumo elevado de glucosa, inflamación y acumulación de beta amiloide y tau», sostiene la profesora.
Solas propone que para frenar esta patología quizás sea necesario evitar esa alteración en los astrocitos. «Quizás además de las vacunas contra el Alzheimer en desarrollo, que actualmente presentan una eficacia limitada, esta investigación podría dar lugar a nuevos tratamientos que mejoren la energética cerebral, lo que podría permitir la creación de tratamientos sinérgicos», resalta.
«Un antes y un después» en la investigación
Finalmente, la investigadora reconoce que la concesión de la ERC Consolidator Grant ha marcado «un antes y un después» en su labor científica. Estas ayudas, otorgadas por el European Research Council (ERC), están destinadas a investigadores con entre 7 y 12 años de experiencia después del doctorado, <>.
La profesora Solas admite que «su vida ha cambiado» y que, gracias a esta financiación, podrá establecer un proyecto a largo plazo, con recursos asegurados para 5 años y la posibilidad de contratar a cinco investigadores adicionales.
«Uno de los grandes problemas en la investigación española es la financiación, que suele ser a corto plazo, de 2 a 3 años, lo que genera la sensación de tener que estar constantemente solicitando fondos para seguir adelante. Contar con ayudas a 5 años ofrece seguridad y permite enfocarse durante un periodo prolongado en un mismo proyecto con un equipo amplio», concluye Maite Solas.
