Los abetos, el muérdago y las flores de Pascua son, sin duda, el núcleo de las plantas de Navidad por excelencia, encontrándose comúnmente en los hogares durante las fiestas. Estas plantas están estrechamente vinculadas a costumbres decorativas y simbolismos religiosos. Junto con el acebo, el musgo, el romero y el cactus navideño, estas especies han estado asociadas durante mucho tiempo con las celebraciones invernales que se celebran en la mayoría de los países de Europa, una tradición que luego ha viajado y arraigado por todo el mundo.
El abeto destaca por su follaje perenne, simbolizando históricamente la inmortalidad, la fertilidad y la familia en las antiguas culturas europeas durante el solsticio de invierno. Gradualmente, reemplazó al roble sagrado tras las primeras campañas de cristianización y se popularizó a nivel mundial en el siglo XIX.
Plantas de Navidad: una tradición vegetal cargada de historia y simbolismo
Abeto, muérdago y flor de Pascua componen la “trinidad” de plantas de Navidad, habituales en los hogares durante el periodo navideño: son las más conocidas de distintas especies relacionadas con la tradición floral de estas fechas, cuyo uso decorativo está vinculado con diversas creencias religiosas.
El acebo, por ejemplo, es una de las plantas de Navidad que fue empleada por los antiguos romanos durante la Saturnalia, fiestas del solsticio invernal en honor al dios Saturno, donde las bayas rojas enlazaban la planta con el sol nuevo; el rojo es uno de los colores tradicionales vinculados con el astro rey. Otras plantas de Navidad incluyen el musgo, un elemento imprescindible en todo belén, el romero, que se utiliza como símbolo tradicional en centros de mesa, y el cactus de Navidad, que florece con colores espectaculares durante el invierno, prosperando en zonas húmedas y sombrías.
El abeto y su vínculo con la inmortalidad y el solsticio de invierno
El abeto es, sin duda, una de las plantas de Navidad más conocidas. Este árbol, con su hoja perenne, estaba vinculado entre los antiguos pueblos europeos con la inmortalidad y la fertilidad, especialmente en torno a la festividad de Yule, nombre de su festividad solsticial.
Se dice que el abeto sustituyó al roble, árbol sagrado tradicional, a raíz de las campañas militares de evangelización coordinadas por San Bonifacio en el siglo VIII. Uno de los episodios más conocidos en esta historia es la tala del venerado Roble de Thor en lo que hoy es el estado federado de Hesse (Alemania). Al no recibir una respuesta inmediata de inmediato del dios nórdico, los paganos accedieron al bautizo.
Algunas tradiciones sostienen que fue Martín Lutero quien sugirió adornar el abeto con velas para imitar el brillo de las estrellas en las plantas de Navidad que contempló a través de sus ramas, aunque ya antes los pueblos precristianos decoraban árboles desde tiempos inmemoriales.
En el siglo XIX, el uso del abeto se popularizó a nivel global, aunque en España esta costumbre se extendió especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX.
El muérdago: amor, protección y rituales ancestrales
El muérdago es un símbolo asociado con la diosa Freya, uno de los personajes más destacados de la mitología nórdica relacionada con el amor, la fertilidad y la belleza, así como con la magia y la guerra. Su importancia se manifiesta en el hecho de que el viernes debe su nombre en varias lenguas europeas a la diosa: Friday en inglés, Freitag en alemán y Fredag en los idiomas escandinavos.
Colgar un ramo de muérdago en casa era una forma de proteger y traer alegría al hogar. La tradición del beso bajo el muérdago, que se afianzó en varios países europeos durante los siglos XVIII y XIX, tuvo sus raíces en creencias que penetraron en España con las invasiones germánicas de suevos, vándalos, alanos y, sobre todo, visigodos a partir del siglo V.
A pesar de esto, en la actualidad, la imagen popular del muérdago está más ligada a los rituales sagrados de los druidas celtas, que lo recolectaban en períodos concretos, especialmente de los robles, donde también se utilizaba con fines medicinales.
La ciencia contemporánea ha demostrado que las propiedades químicas y farmacológicas del muérdago, que parasita a distintos tipos de árboles, varían según su huésped.
Por ejemplo, el muérdago que crece en robles tiene una composición más rica en compuestos anticancerígenos, mientras que el que parasita manzanos ha sido utilizado tradicionalmente para problemas cardiovasculares.
La flor de Pascua y su expansión desde México al mundo
En cuanto a la flor de Pascua, las misiones franciscanas en México comenzaron a utilizar estas plantas de Navidad como decoración durante el Virreinato de Nueva España, extendiéndose posteriormente a todos los países de ámbito hispano. Hoy día, Almería se destaca como uno de los mayores productores del mundo.
Durante el siglo XIX, su intenso colorido llamó la atención del político y botánico norteamericano Joel Roberts Poinsett, quien la renombró con su propio nombre: poinsettia. Esta planta ha superado las expectativas de resistencia en fechas navideñas, y expertos de la campaña Stars for Europe, financiada por la UE, aseguran que con el cuidado adecuado puede durar considerablemente más.
Tras su conocida floración invernal, es natural que la planta pierda sus brácteas de colores y entre en una fase de reposo que puede prolongarse hasta abril. Durante este tiempo, la planta requiere poco mantenimiento, situándose en un lugar fresco y luminoso con temperaturas entre 15 y 18 grados y un mínimo de riego.
Otras plantas tradicionales: acebo, musgo, romero y cactus de Navidad
A partir de septiembre, es necesario someter a estas plantas de Navidad a un proceso de oscuridad controlada durante un periodo de entre seis y ocho semanas. Deberán estar de 12 a 14 horas diarias a oscuras, sin recibir absolutamente ninguna fuente de luz, para que puedan volver a desarrollar su colorido característico.
El muérdago cuenta con profundas raíces en las tradiciones nórdicas y celtas, donde se le asociaba con la protección, el amor y la prosperidad, así como con usos rituales y medicinales. Hoy en día, la ciencia ha validado que las propiedades químicas de esta planta varían según el árbol que la recibe.
La flor de Pascua, introducida en la decoración navideña a través de las misiones franciscanas en México, se popularizó internacionalmente en el siglo XIX. A pesar de las creencias públicas erróneas, puede prosperar más allá de las festividades navideñas con el cuidado adecuado y condiciones de luz controladas, permitiendo que recupere su distintiva coloración invernal.
