Hablar de salud reproductiva femenina sigue siendo un tema incómodo en muchos ámbitos, incluida la medicina. Mitos como que ‘el dolor menstrual es normal’, y la falta de investigación sobre enfermedades como la endometriosis perpetúan desigualdades que afectan a millones de mujeres.
La ginecóloga Karen Tang, referente en derechos reproductivos, explica por qué la educación, la ciencia y una mirada con perspectiva de género son claves para cambiar el futuro de la salud de las mujeres. Durante una entrevista con Salud Infosalus, Tang reconoce que todavía es común encontrar personas que consideran la salud reproductiva, especialmente la femenina, como un tabú, algo que da vergüenza y que alimenta muchos de los mitos y desinformación que rodean este ámbito.
Con motivo de la publicación de ‘No es histeria. Todo lo que siempre quisiste saber sobre tu salud reproductiva (y nunca te contaron)’, señala que uno de los mitos más habituales es que ‘el dolor es normal y habitual y simplemente hay que tolerarlo’. «El dolor durante el periodo, el dolor durante el sexo son cosas que se siguen perpetuando. Pensamos que son normales y es un error, cuando hablas con amigos, familiares e incluso a veces por parte de los médicos», lamenta la ginecóloga.
Que sea un tabú influye en que haya menos investigación
El tabú en torno a la salud reproductiva también se refleja en el sistema sanitario, como afirma, porque muchos médicos ven la salud de la mujer solo como molestias, sin considerar problemas médicos serios, como el cáncer, enfermedades cardiovasculares o diabetes.
Karen Tang explica: «No hay mucha investigación, formación, ni financiación, ni educación al respecto. Esto lleva a que no tengamos buena información y deja espacio para confusiones y perpetuar mitos. Hay tratamientos y algoritmos establecidos.» Resalta la importancia de la educación para los profesionales médicos y el público, afirmando: «Cuando no hay buena información, se abre la puerta a que muchos digan lo que quieran, aunque estén equivocados. Esto sucede mucho con el tema de la salud femenina, donde se da información errónea sobre el sexo y métodos anticonceptivos como si fueran hechos comprobados.»
En este sentido, enfatiza la necesidad de formar a los profesionales para que puedan identificar ámbitos donde falta investigación y para asegurar que no se pierdan diagnósticos relacionados con la premenopausia, menopausia y endometriosis, por ejemplo.
El problema de la brecha de género
Asimismo, Tang denuncia que actualmente existe una gran brecha de género en el campo médico. Menciona que el Instituto Nacional de Salud de EE. UU., mayor financiador de investigación médica del mundo, destina solo el 10% de su financiación a temas relacionados con la salud de la mujer, la mayoría de los cuales se relacionan con el embarazo o ciertos tipos de cáncer, como el cáncer de mama.
Hasta 1993, el Instituto Nacional de Salud no exigía la inclusión de mujeres en los estudios científicos, lo que causó que muchas investigaciones sobre enfermedades cardiovasculares solo incluyeran a hombres. «Los síntomas típicos de un ataque al corazón son los de los hombres, mientras que los de las mujeres se presentan de forma atípica», añade.
El cuerpo de la mujer es distinto al del hombre
Por tanto, es crítico recuperar el tiempo perdido y comprender las diferencias entre el cuerpo de las mujeres y los hombres, no solo en ginecología, sino también en áreas como la salud cardiovascular, el metabolismo y la reacción a medicamentos. «El cuerpo de la mujer es evidentemente distinto al del hombre. Muchas reacciones y medicamentos se han estudiado solo en hombres. La efectividad y los efectos secundarios pueden diferir notablemente en las mujeres», afirma Tang.
Tang también menciona que los sesgos pueden influir en la atención médica, manifestándose en juicios apresurados sobre el estado de salud de las mujeres. «A menudo, si una mujer presenta múltiples quejas, tendemos a pensar que es hipocondríaca o está nerviosa, cuando podría haber un problema médico real detrás», concluye. «El lenguaje que usamos en la atención médica puede influir significativamente en cómo diagnosticamos y gestionamos a los pacientes; ser conscientes de estas brechas es fundamental.»
