Al Nashiri sigue a la espera de un veredicto tras más de 20 años en centros clandestinos de detención de la CIA y en la base de Guantánamo.
MADRID, 11 Oct. (EUROPA PRESS) – El atentado suicida perpetrado en el año 2000 por la organización terrorista Al Qaeda contra el destructor estadounidense ‘USS Cole’, cuando estaba anclado en el puerto yemení de Adén, cumple este domingo 25 años. Sin embargo, el proceso judicial en Estados Unidos contra el considerado como ‘cerebro’ del ataque, Abdelrahim al Nasiri, no ha derivado en una sentencia contra él, a pesar de haber pasado años en Guantánamo y otros centros clandestinos de detención de la CIA en el extranjero.
El atentado, realizado el 12 de octubre de 2000, ocurrió menos de un año antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001, que llevaron a Estados Unidos a lanzar la llamada ‘guerra contra el terrorismo’. Fue llevado a cabo por dos terroristas suicidas que empotraron una lancha explosiva contra el buque.
Los atacantes, que se acercaron al ‘USS Cole’ haciendo gestos amistosos para atraer la atención de la tripulación, activaron la carga explosiva cuando el destructor estaba cargando combustible, lo que resultó en la muerte de 17 personas, 40 heridos y un agujero de más de doce metros en el casco debido a la potencia de la deflagración.
Este suceso se convirtió en el ataque más mortífero contra un buque de la Armada estadounidense desde el registrado en 1987 contra el ‘USS Stark’, donde murieron 37 marineros tras el impacto de dos misiles iraquíes en medio de la guerra con Irán (1980-1988).
Al Qaeda, bajo el liderazgo de Osama bin Laden, ya había intentado llevar a cabo ataques similares contra la Armada estadounidense, incluyendo uno en Adén en enero de ese mismo año contra el ‘USS The Sullivans’, aunque en esa ocasión el buque no sufrió daños debido a que la lancha explosiva se hundió antes de llegar a impactar.
Tras el ataque al ‘USS Cole’, el FBI envió un equipo a Yemen para investigar el incidente y mantener reuniones con el entonces presidente, Alí Abdulá Saleh, con el fin de establecer cooperación y protocolos para el interrogatorio de testigos y sospechosos.
Las autoridades yemeníes detuvieron en las siguientes semanas a varios sospechosos, entre ellos Yamal Muhamad Ahmad al Badaui y Fahad Muhamad Ahmad al Quso, quienes presuntamente estaban involucrados en la planificación de los ataques y quienes más tarde murieron en bombardeos estadounidenses en Yemen en 2019 y 2012, respectivamente.
Al Nashiri, ‘cerebro’ a la espera de juicio
Al Nashiri fue identificado por las autoridades estadounidenses y yemeníes como una figura clave en el atentado, lo que llevó al Departamento de Defensa a modificar sus parámetros de seguridad para evitar ataques similares. Este atentado fue enaltecido por Bin Laden en varios mensajes previos a los ataques del 11-S.
Detenido en 2002 por la CIA en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, Al Nashiri fue trasladado a varios centros de detención en Afganistán, Tailandia, Polonia, Marruecos, Lituania y Rumanía, antes de ser llevado a Guantánamo, donde se denuncian abusos por parte de sus carceleros.
En marzo de 2007, el Pentágono publicó transcripciones de un tribunal militar en las que Al Nashiri afirmó haber hecho una confesión falsa bajo tortura. Este hecho se corroboró después de que Ualid bin Atash, otro preso en Guantánamo, reconociera su responsabilidad, y la CIA confirmara que Al Nashiri había sido sometido a ahogamientos simulados.
En 2008, fue imputado por asesinato y crímenes de guerra. No obstante, un año después, los cargos se retiraron tras una orden de Barack Obama que congeló los casos pendientes de los presos de Guantánamo. A pesar de ello, se le imputaron nuevos cargos en abril de 2011 por su papel en el atentado, así como en el ataque al ‘USS The Sullivans’ y otro ataque contra un petrolero francés en 2002, lo que podría llevar a su condena a muerte.
El proceso judicial contra Al Nashiri, que sigue bajo custodia y figura en la lista de «detenidos de alto nivel» de Estados Unidos en el contexto de la ‘guerra contra el terrorismo’, fue aplazado nuevamente en mayo de este año, con vistas próximas para junio de 2026, en medio de denuncias sobre abusos y torturas sufridas durante más de dos décadas de encarcelamiento.
La vía sudanesa
El proceso judicial se amplió en julio de 2004 cuando familiares de los marineros muertos en el atentado presentaron una demanda contra Sudán, reclamando más de cien millones de dólares en daños, argumentando que Jartum había apoyado a Al Qaeda y permitido el ataque contra el ‘USS Cole’.
En 2007, un juez estadounidense determinó que Sudán tenía responsabilidad penal en el ataque, ordenando compensaciones que fueron confirmadas por otro tribunal en 2012, rechazándose las apelaciones en 2015 en un contexto de tensiones bilaterales por el apoyo del país al terrorismo durante la década de 1990.
Bin Laden se trasladó a Sudán tras ser expulsado de Afganistán por Arabia Saudí, estableciendo allí bases de entrenamiento y planificando diversos ataques, incluyendo el intento de asesinato en 1995 al entonces presidente egipcio, Hosni Mubarak. Tres años después, Estados Unidos incluiría a Sudán en su lista de patrocinadores del terrorismo debido a este apoyo.
La retirada de Sudán de esta lista se produjo tras el pago de 335 millones de dólares por parte de las autoridades de transición en 2020, como compensación por el ataque al ‘USS Cole’, los atentados de 1998 contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania, y el asesinato de un trabajador de USAID en 2008.
Este acuerdo también formó parte de la decisión de Sudán de unirse a los ‘Acuerdos de Abraham’, en los que se normalizaron las relaciones diplomáticas con Israel, junto a Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Marruecos, siendo los primeros países de la región en hacerlo desde Egipto (1979) y Jordania (1994). Sin embargo, Jartum aún no ha ratificado su adhesión a este histórico pacto.
