La historia de Montería, una ciudad en el norte de Colombia, está marcada por el río Sinú, que ha sido testigo de su desarrollo y transformación a lo largo de los años. Hace un siglo, las orillas del río eran un punto de llegada para barcos que traían sal y telas de Cartagena. Sin embargo, desde 1950, con la llegada de la modernización y la construcción de carreteras, Montería fue apartándose de su río, que pasó de ser un motor de vida y riqueza a un lugar temido.
«Era como algo viviente de los indigentes; muy difícil pasar por ahí por miedo a ser atracado», recuerda Lino José Pérez, quien desde su niñez ha cruzado pasajeros y cargas de un lado a otro del Sinú en embarcaciones conocidas como ‘planchones’. Pérez, nacido hace 46 años en la orilla izquierda del río, vivió en un sector históricamente excluido hasta que Montería comenzó a reconectar con su afluente y transformarlo de frontera a puente.
Este renacer se consolidó con la creación de la Ronda del Sinú, un parque lineal inaugurado en 2005 que se extiende casi cuatro kilómetros a lo largo de la ribera, siendo considerado el más grande de Latinoamérica. «Es mucho más que un parque; es un símbolo de reconciliación entre Montería y sus ríos, motor de economía, turismo y cultura», afirma el alcalde, Hugo Kerguelén, quien fue anfitrión del River City Global Forum, una cumbre internacional sobre ciudades rodeadas por ríos, en agosto pasado.
Kerguelén destacó que la Ronda es resultado de varias administraciones pasadas y anunció que en el primer trimestre de 2026, comenzará el piloto de Businú, el primer sistema de transporte fluvial público sobre el río.
Del sueño a la obra
El Sinú, cuyo nombre significa «bellas tierras de aguas encontradas» en el idioma de los indígenas zenúes, nace en las montañas de Antioquia y desemboca en el Caribe, bañando en su trayecto el departamento de Córdoba y su capital, Montería.
Las tardes son un momento de refugio para los monterianos, quienes se resguardan bajo las palmeras a lo largo de la Ronda, situada en la margen derecha del río, que incluye dos de las doce comunas de la ciudad. Mientras turistas fotografían iguanas y atardeceres, niños disfrutan de áreas recreativas y jóvenes pasan sobre bicicletas y patines.
En las aguas color fango del río flota una estructura metálica azul: una de las 15 estaciones que tendrá el sistema Businú, diseñado para conectar el centro de Montería con sus áreas rurales, las cuales abarcan el 98,5 % del municipio y albergan casi una cuarta parte de su población. Actualmente, hay tres estaciones terminadas y dos embarcaciones en construcción, con capacidad para 32 pasajeros, aire acondicionado y un sistema que combinará energía solar con combustibles limpios. La meta es comenzar las pruebas de navegación en diciembre.
Más proyectos, más el río
El proyecto de Businú, que comenzó en 2019, fue interrumpido por la pandemia, lo que provocó un aumento en los costos. Así, fue necesario reducir el plan de cuatro a tres embarcaderos. «Lo que inicialmente costaba 10.000 millones de pesos (aproximadamente 2,6 millones de dólares) terminó costando el doble», explica Kerguelén, ingeniero civil y ambiental de formación.
Al mismo tiempo, Montería avanza en otros proyectos, como la señalización del río, la construcción de un tercer puente vehicular y la recuperación de antiguas lagunas de oxidación para convertirlas en un parque urbano que el alcalde denomina el futuro «Central Park del Sinú». La primera fase del proyecto cubrirá 12,8 hectáreas con una inversión de 22 millones de dólares, y el plan maestro estará listo para que futuras administraciones lo amplíen hasta 30 hectáreas.
De dividir a unir
Cuando Carlos Eduardo Correa asumió la alcaldía en 2012, uno de los principales desafíos era el tratamiento de aguas residuales. El Sinú se había convertido en «las cloacas de la ciudad», según sus palabras, recibiendo más de 380 kilos de basura diarios y la mitad de las aguas negras. Esto, sumado a la exclusión de la margen izquierda, donde vivía una cuarta parte de la población, llevó incluso a la creación de un movimiento separatista.
El río «nos tenía divididos completamente», enfatiza Correa. Su administración y las que le siguieron llevaron una oficina de la Alcaldía a la orilla izquierda, donde también se amplió la Ronda, un esfuerzo que Kerguelén continúa con una inversión de cuatro millones de dólares.
Hoy en día, Montería «es una sola» ciudad, afirma Pérez mientras cruza en pocos minutos los 160 metros de ancho del Sinú en su planchón de madera. Desde su embarcación, observa la estación azul del Businú y comparte su preocupación de que este nuevo servicio pueda restar clientes a su actividad, afirmando: «Esperemos para ver qué sucede».
