
Madrid, 6 feb. (EUROPA PRESS) – Aproximadamente el diez por ciento de la población padece dolor neuropático, un tipo de dolor relacionado con los nervios que frecuentemente se asocia con una actividad anormal de los nociceptores latentes. En condiciones de dolor crónico, estas neuronas pueden activarse por sí solas, causando dolor persistente incluso sin un desencadenante externo.
Aunque las propiedades funcionales de estos nociceptores se conocen desde hace muchos años, su identidad molecular seguía siendo incierta. Investigadores han logrado identificar los nociceptores latentes basándose en su comportamiento eléctrico, pero desconocían qué genes se activaban dentro de estas células. Sin esta huella genética, el desarrollo de tratamientos específicos seguía siendo inalcanzable.
Investigación Reciente
Un equipo del Centro para la Adicción y la Salud Mental (CAMH) de Canadá y del Instituto de Neurofisiología de la Uniklinik RWTH Aachen de Alemania ha descifrado la firma molecular de los nociceptores durmientes, un tipo de célula nerviosa sensible al dolor que normalmente permanece inactiva y no responde al tacto ni a la presión, pero que puede hiperactivarse y provocar dolor crónico.
Las Neuronas que se Activan sin Estímulo
El estudio, dirigido por la doctora Angelika Lampert, directora del Instituto de Neurofisiología en Uniklinik RWTH Aachen, y el doctor Shreejoy Tripathy, Científico Sénior del CAMH, ha sido fundamental para cerrar una brecha clave de conocimiento. Al medir tanto el comportamiento eléctrico como la actividad genética de neuronas individuales, pudieron identificar exactamente qué genes definen los nociceptores del sueño.
Para lograrlo, el equipo utilizó un innovador método denominado Patch-Seq, que combina la electrofisiología con la secuenciación genética de células individuales. Estos datos se integraron con análisis bioinformáticos exhaustivos, y los hallazgos se publicarán en la revista ‘Cell’.
La ‘Piedra Rosetta’ de los Nociceptores Durmientes
Esta colaboración se tradujo en una ‘Piedra Rosetta’ para la investigación del dolor, vinculando los hallazgos de la investigación preclínica con la biología de los nociceptores del sueño en humanos. Gracias a esto, el equipo pudo asignar una identidad molecular a estos nociceptores y descubrir dianas específicas para futuras terapias contra el dolor.
Los análisis revelan que los nociceptores del sueño se definen por una firma molecular específica que incluye componentes como el receptor de oncostatina M (OSMR) y el neuropéptido somatostatina (SST). También se identificaron dianas farmacológicas adicionales, como el canal iónico Nav1.9, que se expresó considerablemente en estos nociceptores y que contribuye a sus propiedades eléctricas distintivas. Este canal probablemente ayuda a controlar la facilidad con la que se activan los nociceptores del sueño, y centrar la atención en Nav1.9 podría facilitar el desarrollo de medicamentos que silencien selectivamente estas neuronas que causan dolor.
Los análisis bioinformáticos señalaron al OSMR como un marcador de los nociceptores del sueño, aunque esto es solo una predicción hasta que se realicen pruebas. En experimentos recientes de psicofísica, los investigadores confirmaron que la oncostatina M, que activa el OSMR, modula específicamente los nociceptores del sueño en la piel humana, validando así sus predicciones moleculares.
En resumen, este trabajo establece un nuevo marco conceptual para comprender la aparición del dolor neuropático a nivel molecular, abriendo perspectivas para el desarrollo de nuevas terapias dirigidas.
