Millones de años de vida perdidos
Un estudio dirigido por investigadores de la London School of Hygiene & Tropical Medicine (LSHTM) ha utilizado modelos para evaluar los efectos perjudiciales para la salud de varios escenarios relacionados con la producción, consumo y gestión de residuos plásticos entre 2016 y 2040.
El análisis se centró en los «años de vida ajustados por discapacidad» o «DALYs», que representan una medida de la carga de enfermedad. Se evaluó el número de años de vida saludable perdidos como resultado de los gases de efecto invernadero, contaminantes atmosféricos y sustancias químicas tóxicas emitidas a lo largo del ciclo de vida de los plásticos a nivel mundial.
Reciclar no basta para frenar el daño
Estas emisiones están relacionadas con efectos graves sobre la salud, incluyendo el calentamiento global, enfermedades respiratorias, cáncer y otras patologías importantes.
El modelo reveló que, si el sistema de plásticos continúa sin cambios en las políticas, la economía, las infraestructuras, los materiales o el comportamiento del consumidor (denominado «escenario sin cambios»), los efectos anuales sobre la salud podrían más que duplicarse, pasando de 2,1 millones de DALYs en 2016 a 4,5 millones de DALYs en 2040.
En total, se estima que el sistema global de plásticos podría ser responsable de la reducción de 83 millones de años de vida saludable de la población entre 2016 y 2040.
El equipo también exploró diferentes escenarios futuros alternativos con variados niveles de acción, encontrando que medidas aisladas como el aumento del reciclaje tienen poco impacto por sí solas en la reducción de la carga sanitaria global.
La combinación de todas las medidas en un cambio completo del sistema es el método más eficaz, ya que podría disminuir la carga sanitaria mundial de los plásticos en un 43 % para 2040 (en comparación con el escenario sin cambios), según un comunicado de la LSHTM.
El trabajo mostró que las emisiones de la producción primaria de plásticos son la principal causa de efectos negativos sobre la salud en todos los escenarios, y que reducir la producción, sin reemplazar los plásticos por otros materiales, ofrecería los mejores resultados para la salud pública.
Además, la transición a energías renovables podría mitigar algunos efectos relacionados con el calentamiento global y la contaminación atmosférica, pero no aborda otros efectos nocivos vinculados a la producción y gestión de residuos plásticos.
Megan Deeney, autora del estudio, indica que la investigación demuestra que los efectos adversos de los plásticos sobre la salud «van mucho más allá» del momento de compra o del reciclaje de un producto.
«A menudo se nos culpa a los consumidores individuales, pero nuestro análisis muestra que se necesita un cambio sistémico que abarque toda la cadena: desde la producción hasta el uso y eliminación de plásticos», explica.
El estudio concluye que son necesarias medidas mucho más ambiciosas por parte de los gobiernos y una mayor transparencia de la industria para afrontar esta creciente crisis de salud pública relacionada con los plásticos.
Reducir la producción, la clave sanitaria
La falta de divulgación y la inconsistencia en la información sobre la composición química de los plásticos limitan la capacidad de las evaluaciones sobre el ciclo de vida para informar políticas eficaces que protejan tanto a los humanos como a los ecosistemas y al medio ambiente, según los autores del estudio.
Este análisis, que cuenta con la participación de la Universidad de Exeter y la de Toulouse, se basa en modelos y datos de emisiones disponibles, lo cual implica ciertas limitaciones inherentes. Por ejemplo, no se pudieron incluir los impactos potenciales en la salud asociados a la etapa de uso de los plásticos, ni muchos de los productos químicos que contienen (incluyendo microplásticos y nanoplásticos).
