
Familiares de los pasajeros del tren procedente de Puerta de Atocha y con destino Huelva, acuden a la estación de trenes de Huelva. A 19 de enero de 2026, en Huelva (Andalucía, España). La cifra de fallecidos se ha elevado a 21, según han confirmado a Euro – Clara Carrasco
MADRID, 19 Ene. (EDIZIONES) – Tras la reciente tragedia del descarrilamiento ferroviario ocurrido en Andalucía, muchas personas desean ofrecer su ayuda, pero se sienten perdidas sobre cómo hacerlo sin causar más dolor. ¿Es mejor hablar o guardar silencio? ¿Acompañar o dar espacio? ¿Cuándo es normal el sufrimiento y cuándo se debe solicitar ayuda profesional?
El psiquiatra cordobés Alejandro Martínez Rico, autor de ‘Ansiedad, ¡déjame en paz!’, explica en este artículo cómo brindar apoyo emocional en las primeras horas tras una catástrofe. Martínez Rico resalta que, a menudo, la mejor ayuda no es encontrar las palabras adecuadas, sino simplemente estar presente.
“Cuanto mayor sea el dolor de una persona que ha sido testigo de una catástrofe, menores son las palabras necesarias. La clave es acompañar al afectado. No se esperan frases hechas, ni soluciones mágicas, porque todos sentimos”, afirma el experto.
Reconoce que a menudo la persona que acompaña a una víctima de una catástrofe también se siente confundida. “Hay ocasiones en las que no hace falta decir nada, sino simplemente estar presente, tolerar silencios, preguntar qué necesita el afectado y cómo podemos ayudar”, añade. Es fundamental evitar intentar aliviar el dolor con frases hechas y simplemente preguntar qué necesita la persona y acompañarla en ese proceso.
En las primeras horas y días tras el accidente, el psiquiatra sugiere que lo ideal es ofrecer a las víctimas apoyo psicológico, aunque no se realice terapia, sino contención y acompañamiento, para calmar y crear una sensación de seguridad, respetando los tiempos y preguntando si la persona requiere espacio o acompañamiento.
Qué puede suceder en el largo plazo
El problema puede manifestarse a largo plazo, tal como subraya Martínez Rico. “Puede darse el caso de que la persona que fue víctima de una catástrofe reviva continuamente la escena traumática, sienta que se bloquea, que no puede canalizar las emociones, que está triste o que no puede dormir tras lo sucedido. En estos casos, un profesional de la salud mental sí puede ayudarnos a canalizar los eventos traumáticos”, destaca.
El psiquiatra aconseja estar atento a los síntomas de alarma con el paso del tiempo, tales como la hipervigilancia, la reexperimentación del evento o el miedo que impida viajar en transporte público. “Hay que verificar si es necesario un acompañamiento especializado”, señala.
Cómo dar malas noticias y qué necesitan los afectados
Martínez Rico también enfatiza la importancia de cómo se reciben las malas noticias. “Trabajo en un hospital y a menudo recibimos llamadas de compañeros que tienen pacientes o familiares de pacientes a quienes deben informar sobre una mala noticia y no saben cómo hacerlo. Es el propio médico que atiende al afectado el que debe dar la noticia, no puede hacerlo una persona externa. Es una obligación del médico dar las malas noticias”, subraya.
Recomienda transmitir la mala noticia de manera gradual, no de golpe, por ejemplo, indicando que ha habido numerosos fallecidos, que el familiar ha sido trasladado al hospital y que ha estado en la UCI en una situación delicada, tratando de hacer todo lo posible, aunque finalmente no haya resultado en un buen desenlace.
Una de las peores sensaciones para las víctimas de una mala noticia es la falta de información. “Los afectados deben tener un espacio donde plantear sus dudas y saber a dónde acudir cuando las tengan”, concluye. Cuando no se pueden ofrecer respuestas, lo mejor es poder recoger sus demandas y escucharles con atención.
