MADRID, 26 Ago. (EUROPA PRESS) – El bruxismo puede generar sobrecarga muscular más allá del área orofacial, afectando también al cuello, la espalda y el abdomen. Así lo afirma Isabel Mínguez Esteban, profesora de Fisioterapia de la Universidad Europea de Madrid y miembro del Grupo de Investigación Sinergia Transdisciplinar en Rehabilitación Oncológica y General (STRONG).
La profesora Mínguez y Vanesa Abuín, también profesora en la Universidad Europea de Madrid y miembro del Grupo STRONG, participaron en un estudio que muestra que las mujeres con bruxismo presentan una menor activación del músculo transverso abdominal, clave para la estabilidad del tronco, durante ejercicios de contracción voluntaria.
Concretamente, el estudio demostró que, al realizar el mismo ejercicio, las participantes con bruxismo mostraban una menor variación en el grosor del transverso abdominal. Esto sugiere una activación muscular más limitada y una posible disfunción en el control motor profundo. Aunque el estudio se centró en mujeres, las autoras consideran que los resultados podrían ser extrapolables, en parte, a la población masculina, «pero es necesario realizar estudios específicos en varones para confirmar si se presenta la misma relación entre bruxismo y función abdominal».
Además, apuntan que esta tensión generalizada puede explicarse por la forma en que el sistema musculoesquelético responde de manera compensatoria a la hiperactividad mandibular. «Nuestro cuerpo tiende a adaptarse, y cuando existe una disfunción sostenida en una zona como la mandíbula, puede comprometer la función de otras áreas como el abdomen».
Por este motivo, ambas expertas insisten en la importancia de comprender el cuerpo como un sistema interconectado para avanzar en el tratamiento de este tipo de disfunciones. «La tensión mandibular mantenida puede repercutir en otras zonas del cuerpo debido a las cadenas musculares, especialmente cuando se trata de músculos posturales profundos», señala Abuín.
Así, advierten que si estas respuestas musculares no se detectan ni tratan de forma adecuada, pueden derivar en alteraciones posturales y sobrecargas crónicas. Por ello, las investigadoras defienden la necesidad de adoptar un enfoque más global en el abordaje terapéutico del bruxismo. «La integración de ejercicios que incluyan el trabajo de la musculatura abdominal profunda, junto con técnicas de control mandibular, podría ser beneficiosa», afirma Abuín.
En este sentido, la fisioterapia postural surge como una herramienta complementaria a los tratamientos tradicionales, como las férulas dentales o las intervenciones psicológicas. Aunque estas técnicas tradicionales siguen siendo las más comunes, las autoras proponen realizar una valoración postural y funcional por parte de un profesional de la fisioterapia, tanto a nivel general como específico. Este abordaje permitiría identificar disfunciones musculares asociadas y trabajar sobre ellas, especialmente en zonas como la región lumbosacra, que también se ve condicionada por la mecánica mandibular.
