Los perros, además de ser compañeros leales de millones de personas, presentan características biológicas que los convierten en un modelo interesante para la ciencia, en particular para comprender cómo envejecen los mamíferos y qué estrategias podrían ayudar a prolongar su vida con salud. Recientemente, dos fármacos en fase de estudio podrían otorgarles unos 3 años adicionales de vida, y lo más curioso es que, si estos medicamentos son exitosos, podrían servir como modelo para tratamientos en humanos.
¿Tres años más de vida para los perros con nuevos medicamentos?
Los estudios para frenar el envejecimiento en los perros son prometedores; sin embargo, el doctor en veterinaria Jaume Fatjó enfatiza que «más importante es que el tiempo que puedan vivir nuestras mascotas sea de máxima calidad». Lamenta que, a veces, se prioriza la longevidad sin considerar el bienestar que ya se tiene.
Los últimos ensayos clínicos conocidos estudian dos medicamentos que permitirían extender la vida de los canes alrededor de 3 años, lo que se traduce en un periodo de entre 12 y 24 años para los humanos. Si finalmente son aprobados, podrían servir de modelo para tratamientos replicables en la población humana, coinciden los investigadores que los desarrollan.
Fatjó, quien también es director de la cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha advertido que es esencial analizar cómo afectará esta mayor capacidad de envejecimiento «a los mecanismos de percepción y cognición de los perros», con el propósito de evitarles sufrimientos innecesarios. «Podrían vivir más, pero no en condiciones ideales», agrega.
Medicamentos que saben a carne e ingredientes secretos
Uno de estos estudios, denominado Stay, lo desarrolla la empresa de biotecnología Loyal y se encuentra en fase de ensayo clínico doble ciego con placebo en 70 clínicas veterinarias de Estados Unidos. Este estudio está siendo realizado con más de 1.300 canes, todos con al menos 10 años de edad y un peso superior a seis kilos. Además, los dueños de los perros se han comprometido a participar durante los cuatro años estimados para completar el ensayo.
Los investigadores de Loyal explican que esta es la fase final para obtener, en principio en 2026, la aprobación del Servicio de Medicina Veterinaria de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) y así poder comercializar la pastilla LOY-002, cuyos componentes exactos aún se mantienen en secreto. Esta pastilla, de sabor a carne, modifica el metabolismo de los perros mayores, mejorando su dieta sin alterar su apetito, ralentizando el desgaste celular y propiciando una mejor salud que les permitiría extender su vida.
Efectos en los perros como ejemplo para el estudio del envejecimiento humano
El segundo estudio, llamado Triad, es llevado a cabo por el consorcio académico ‘Dog Aging Project’, ubicado en la Universidad de Washington. Utiliza el fármaco rapamicina, un inmunosupresor empleado para prevenir el rechazo de trasplantes de órganos en humanos. El ensayo clínico es análogo al de Stay, pero dura tres años y está enfocado a perros más jóvenes, de aproximadamente 7 años, pertenecientes a razas grandes o gigantes, con un peso igual o superior a 20 kilos.
Este estudio, según Fatjó, tiene «dos atractivos muy importantes: el primero es el beneficio directo para los perros y el segundo, que puede servir como ejemplo para estudios similares en humanos», como aquellos enfocados en la demencia, que comparte «muchos puntos en común» con el síndrome de disfunción cognitiva.
Así, los perros actúan como un modelo para entender el proceso de envejecimiento humano y evaluar los efectos de un medicamento en un periodo de tiempo «mucho más corto que si se aplicara a personas», apunta el especialista.
Sin embargo, incluso en el caso de que los estudios Stay y Triad tengan éxito, quedan cuestiones éticas por resolver, como los precios de los fármacos una vez sean aprobados. Si el costo es elevado, su acceso podría limitarse a los consumidores con mayores recursos.
Los perros comparten con los humanos el mismo entorno, hábitos de alimentación similares y, en muchos casos, cuidados médicos avanzados. Por ello, se consideran un puente ideal entre experimentos de laboratorio y aplicaciones clínicas. Los investigadores analizan cómo influyen la genética, la dieta, la actividad física y ciertos fármacos en la longevidad canina, y, por ende, en la humana.
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