El cortometraje narra el caso de Abril, una mujer «sin voz» que, debido a su parálisis cerebral, fue víctima de violaciones durante 20 años, desde los 15 hasta los 36 años, a una razón de cinco hombres diarios. Su caso fue sobreseído por un juzgado al no poder comunicarse.
Mabel Lozano expresó en una entrevista que «las mujeres con parálisis cerebral pueden ir a juicio con un logopeda que las interprete, pero ese logopeda lo tienen que pagar ellas y a veces no tienen dinero, con lo cual no pueden acceder a la justicia. La justicia sigue siendo una mierda».
La propuesta del documental le llegó a Lozano a través de Ángela, una abogada de ASPACE que le habló del angustioso caso de Abril. Aunque al principio dudó en abordarlo, la presión de la abogada hizo que finalmente se lanzara a contar la historia de esta mujer resiliente.
A lo largo de ocho meses, se reconstruyó la conversación entre Abril y Ángela. Fue un proceso que requirió paciencia, ya que cada respuesta de Abril podía tomar hasta una hora al comunicarse con un simple sí o no. A pesar de sus dificultades, Abril fue capaz de buscar ayuda a través de la línea telefónica de ASPACE para mujeres con parálisis cerebral, utilizando emojis para comunicarse de alguna manera mientras permanecía atrapada en su situación.
Durante años, hombres entraron en su hogar, mientras ella, inerte en la cama, no podía moverse ni denunciar lo que le sucedía. Si intentaba hacer ruido, sufría agresiones y incluso le negaban la comida. Lozano señala que «no me imaginaba que algo así pudiera suceder».
Lamentablemente, la historia de Abril no es única. La cineasta critica la falta de atención que la sociedad dedica a estas personas y explica que, a pesar de sus capacidades intelectuales, como en el caso de Abril, fueron tratados como personas sin valor. Su padrastro incluso se refería a ella como «retrasada», lo que desanimaba a los médicos a brindarle la atención necesaria.
El desenlace del cortometraje muestra que el juzgado determinó que Abril no podía comparecer, llevando a que los responsables de su sufrimiento quedaran impunes. «En la época en la que ella denunció, no valía el testimonio de una mujer como ella porque no se podía comunicar», critica Lozano.
En la actualidad, Abril reside en una residencia en Madrid y padece esquizofrenia. Según Lozano, «cuando a ti te pegan, te prostituyen y te tratan como le trataban a ella, te vuelves loca». A pesar de sus experiencias traumáticas, Abril presenta un elevado cociente intelectual, de 140.
A través de su historia, Lozano hace un llamado a reconsiderar la percepción que se tiene sobre las personas con parálisis cerebral y hace un llamado a la sociedad para que recupere la empatía perdida. «Esta chica salía todos los días y nadie la miró nunca, nadie le preguntó. Eso también es algo que es denunciable y que tenemos que corregirnos», concluye.
